Mario Sandoval Aranda
Traición a su maestro y amigo Jesús. El hombre hecho amor, el hijo de Dios.
La palabra traidor es tan repulsiva que ofende su percepción hasta al oído. Sólo oírla da escalofríos. Algunos psicólogos franceses y alemanes coinciden, haciendo sicoanálisis de la conciencia de los traidores, que según ellos no son traidores. Que ellos, son los traicionados. ¡Habráse visto descaro más grande!
En la antigüedad, Sansón, traicionado por Dalila. En Grecia el traidor Efialtes señaló a los persas otro desfiladero, flanqueando el Paso de las Termópilas, donde murió Leonidas junto a 300 espartanos y 700 tebanos voluntarios, para no sacrificar el Ejército, pues no debían retroceder. Bruto, el hijo adoptivo de Julio César, quien en conjura con senadores inconformes por no recibir más favores, lo traicionó y asesinó, logrando (César) decirle antes a los pies de la estatua de Pompeyo: “Tu también hijo mío”. En Francia, figuran Talleyrand, el obispo renegado, y Fouché, el seminarista regicida, dos zorros que sabiendo que eran traidores consumados los nombraban ministro, porque los necesitaban, pues eran genios de la alta política, no mediocres politiqueros. Traicionaron a Robespierre, en la Convención, a Barras, en el Directorio, a Napoleón en el Consulado, y el Imperio, a los reyes de la remuneración que propiciaron, Luis XVIII, y Carlos X, a quienes postrados les besaron las manos. Eran genios, no vulgares traidores, amparados en la inmunidad y la Constitución Política.
El pícaro de Napoleón Bonaparte traicionó a los reyes de España, Carlos IV y Fernando VII, al Zar Alejandro I, y a otros. Pero como a todo traidor le llega su sábado, el Imperio Británico se encargó de hacerlo pagar caro sus traiciones, desterrándolo a la isla de Santa Elena, donde aún allí traicionó en adulterio a uno de sus pocos fieles servidores. Murió a los seis años, despojado de todo poder y toda gloria, reducido a un guiñapo humano este bribón sin escrúpulo, que fuera el amo de Europa, y con la punta de su espada, quitaba y ponía coronas reales a sus familiares y favoritos.
En América sobresale el Libertador Simón Bolívar, traicionado por el querido hombre de confianza, Juan José Estrada; el presidente Carlos José Solórzano, por Emiliano Chamorro; el presidente Juan Bautista Sacasa, por Anastasio Somoza García, quien a su vez fue traicionado por el presidente Leonardo Argüello después de hacerlo Presidente de la República.
Hoy tenemos el caso del presidente Bolaños con el doctor Arnoldo Alemán y el PLC. Para analistas políticos y el pueblo liberal, su líder y el PLC fue traicionado con las secuencias conocidas que han causado tristeza y dolor, en la familia liberal. Siendo entregado el gobierno liberal a otro partido, que sacando sólo un diputado, y sin haber disparado un solo tiro usufructúa el poder público que entregó por pérdida de elecciones el 1 de enero de 1929, hace 76 años. En el gobierno supuestamente liberal, el Secretario de la Presidencia es un destacado directivo nacional del PC, igual que ministros y asesores.
Las turbulentas y sucias aguas de la traición no fueron capaces de socavar las bases sólidas del PLC, que como un pájaro herido, con la bala de la traición incrustada, renacerá como el Ave Fénix, de las cenizas. Ante la pretensión de destruir al PLC, éste más bien se ha unificado y robustecido sus estructuras de bases. Y en León, cuna del liberalismo, como en todas partes, los centauros de Jerez y de Zelaya triunfarán nuevamente en las elecciones del 2006, pero con candidato liberal, no infiltrado, pues los pinares traen su flauta triunfante y los volcanes el tronar rugiente del triunfo desbordante, para el partido liberal.
El autor es escritor e ideólogo liberal.