Enrique Alvarado Martínez
Róger Mendieta Alfaro nos vuelve a sorprender. Primero nos entretuvo con la fina ironía de sus libros-caricaturas El candidato y La casa de la yegua. Después nos dio una lección de moral con La Zarza y el Gorrión.
En esta última nos pone frente al espejo con la imagen ideal de un héroe que al final de cuentas lo único que logra salvar es su decoro personal, mientras detrás del espejo está la cara opaca y el marco de madera corrompido por la polilla o el comején de una clase política desvergonzada por la codicia y la adicción al poder. El personaje es Cero, real o soñado, posiblemente un Cero colectivo que busca, sin encontrar, todos los imaginarios del discurso político de todas las épocas de nuestra historia: la democracia, la libertad, el hombre nuevo y quizá las nuevas eras con que nos han vendido productos viejos con el vencimiento borrado. Aparece en la obra un final desgarrador y el consuelo solitario de haber nadado en la caca de tantas ilusas aventuras donde muchos salieron embarrados, embijados, corrompidos y más que todo parecidos a sus opresores. El simbólico gorrión queda por demás cautivo y secuestrado por la zarza o la red de una clase política implacable y voraz.
En su libro más reciente: Hubo una vez un general, el asunto es diferente. Róger nos revela otra faceta de su inquietante búsqueda de la verdad. En este caso, sin abandonar la ficción, se mete en las profundidades de una historia, velada por el tiempo o por la apropiación parcial de un personaje que deja de ser de carne y hueso para convertirse en una divinidad, en un ícono, una sombra, un perfil un sombrero. El general de Róger Mendieta Alfaro es la más humana representación de lo que fue Sandino. Podríamos decir que es la caracterización que infunde mayor respeto por el General de Hombres Libres. La desmitificación del símbolo nos ayuda a reconocer a Augusto Nicolás Calderón Sandino, desde su dramática infancia, en la cárcel mientras su madre aborta con el sólo acompañamiento del hijo, hasta los amoríos fugaces de marinero de montaña y finalmente su cita con la muerte anunciada. Este Sandino sobre el cual descansa la narrativa de Róger Mendieta Alfaro es, tal vez, el más auténtico pero el más desconocido. Manipulado, acomodado, forzado a encajar dentro del traje que generaciones posteriores confeccionaron a la medida de sus intereses, sus hijos putativos que dejaron en la sombra, sublimado, volatilizado ese ser de carne y hueso. Lo peor que ha ocurrido a Sandino en el presente es que ha quedado como los santos de las fiestas patronales. Todos le bailan y lo zangolotean en la samotana de las manifestaciones partidarias, pero nadie quiere que le recuerden que Sandino es símbolo de sacrificio. Ingenuo tal vez, de esa ingenuidad respetable que caracterizó a aquellos soñadores de diversos signos que cayeron en el camino.
Por esta razón el Sandino que nos presenta Róger Mendieta Alfaro debe ser proscrito de la estantería del presente, porque nos recuerda lecciones de decoro que sirven de estorbo a las cúpulas partidarias. Un Sandino inútil para los tiempos modernos de pactos y prebendas.
En cuanto a la narrativa puedo decir que está escrita con la elegancia del experimentado escritor y un trasfondo reflexivo que permite ver fotografía y radiografía en su conjunto. El autor se permite entrar en el pensamiento de Sandino y descubrir sus aprehensiones y temores, sus fobias partidarias y su fe en la utopía posible.
La técnica del relato encaja dentro de un recurso del guión cinematográfico conocido como: “flash back”. Consiste en empezar por una parte del fin de la historia, volver al pasado y regresar al presente final. La única receta que para este recurso nos aconseja Well Root en Writing the script, es que el flash back sea en sí, una historia interesante. Esta técnica ya ha sido utilizada por escritores de renombre internacional, como es el caso de Gabriel García Márquez con su Crónica de una muerte anunciada. En el libro de Mendieta Alfaro, sabemos desde el principio que el hombre va caminando hacia la muerte. Que cuando baja del avión en su primera visita a Managua está viviendo su Sábado de Ramos pero un año más tarde le espera su Viernes Santo.
Recomiendo su obra por la amenidad del relato, por la fidelidad histórica y por el rescate de una figura paradigmática en estos tiempos de soledad y desamparo, de descreimiento y falta de fe en una clase política que ha proscrito la verdadera historia y vive en el más oscuro pasado, sin presente y sin futuro.
El autor es escritor y psicólogo.