Isabel de Chamorro
Se nos acerca la fiesta de Sor María, la primera Beata nicaragüense. Su Santidad Juan Pablo II nos dejó ese regalo, lo cual ha beneficiado a muchos nicaragüenses con su ejemplo y santidad de vida, además de acercarse a su templo con fe y esperanza de conseguir gracias espirituales y materiales.
Ante todo se revela como una mujer que se entrega incesantemente a las mil iniciativas del bien; salía al encuentro de todas las necesidades, desplegaba las actividades más diversas en los oratorios, en la catequesis y en las fiestas de sus niños pobres.
Escuchaba por horas y horas ininterrumpidas a los muchos que invadían su cuartito donde los acogía uno por uno como si no tuviera otra cosa que hacer.
Siendo una mujer que vivía hora a hora llena de sus actividades para sus obras de los pobres de todo tamaño, ancianos, jóvenes, niños, mujeres abandonadas. Deseó y se esforzó por ser sencillamente una ventana a través de la cual la misericordia de Dios resplandeciera, ya sea por su actividad prodigiosa como por su profunda y amorosa unión con Dios.
Aquí deseamos esa ventana que se abriera más en su querida Nicaragua para que todos actuemos con justicia y deseos de paz para que en su país que lo quería de verdad no haya tantas discusiones y la paz reine en todos los corazones de los nicaragüenses y seamos un país como ella lo soñaba.
Contaré esta pequeña anécdota: “Cuando se acercaba la fecha del terremoto de Managua, llamó desde Costa Rica a Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra, que en esa época eran los directores de LA PRENSA, para que avisaran que iba a haber un terremoto, pero ellos lo vieron absurdo publicarlo. Vean su amor a su Patria, ella quería que no sufrieran tanto en esos momentos de destrucción.
Sor María no sólo vivió de ideales y sentimientos sino vivió en el crisol de la vida cotidiana. Su vida es decididamente fundada sobre la voluntad de Dios, que es su guía y su ley. Sabía que se le ha confiado una misión y se dedicó totalmente a ella, sin cálculo ni medida; no vivió para sí sino para la tarea de caridad que Dios le había confiado. “Cueste lo que cueste”.
Mis queridos compatriotas imitémosla a ella, pensemos que el tiempo corre, la vida pasa y lo que llevamos a la otra vida son las obras buenas y los actos generosos, para con los pobres y necesitados. Hacer el bien y seguir el ejemplo de esta gran Santa, que con su humildad dio un ejemplo de vida que todos tenemos que seguir.
Pidámosle de corazón que bendiga a nuestro pueblo y lo tenga presente ante nuestro señor Jesús y Santísima Madre María Auxiliadora.
¡Pon tu mano Madre mía, ponla antes que la mía!
La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.