Diversidad da ventaja

Douglas [email protected]

La primera persona que me habló de la Costa Caribe nicaragüense fue mi abuela Isabel Pereira, quien un día, siendo yo niño, me dijo que había un lugar al otro lado de Nicaragua donde vivían unos “indios mosquitos muy malos” y que mi abuelo Constantino Carcache los había visto una vez que se sumó a las fuerzas conservadoras para pelear contra los liberales.

Lo que pensaba mi abuela de los miskitos y otros habitantes de la costa caribeña es lo que más repetían las autoridades del Pacífico de Nicaragua, donde tras la Reincorporación de la Mosquitia, ejecutada por los liberales en 1894, siempre existió el deseo de convertir a esos habitantes en un “modelo” de ladinos; o sea, forzarlos a renunciar a sus costumbres y expresiones culturales natas, como las lenguas (miskita, mayangna o creole).

Aún después de que fue aprobada la Ley de Autonomía para las minorías étnicas del Caribe nicaragüense, en 1987, los prejuicios contra los costeños han persistido en el Pacífico, por ignorancia o por conveniencias políticas. Así que unos los asocian con la brujería cuando ven sus danzas místicas o sus recetas de medicina natural; y otros los señalan de separatistas cuando les oyen reclamar derechos elementales, como decidir en qué lengua quieren ser educados y de qué forma administrar los servicios sociales de su comunidad.

El primer Informe de Desarrollo Humano elaborado en la Costa Caribe de Nicaragua, presentado la semana pasada en las ciudades de Bilwi (Puerto Cabezas) y Bluefields, muestra con datos que esa mitad del país (52% del territorio) sigue tan olvidada y saqueada como después de 1894.

Con la anexión de la Mosquitia al Estado de Nicaragua, hace 111 años, hubo “una creciente inmigración de mestizos nicaragüenses, especialmente personal militar, empleados de gobierno, comerciantes, especuladores y empresarios que tomaron posesión de la administración de la reserva, a menudo afirmando de forma violenta su autoridad”, recuerda el informe elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Pero esa diversidad cultural que le aporta la costa caribeña a Nicaragua y que algunos partidos políticos han querido reprimir desde la región del Pacífico, habría que verla “como bendición, no como problema”, según la opinión del representante del PNUD, Jorge Chediek.

Él considera que la existencia de varias etnias, cada una con su cultura e idioma propios, puede enriquecer el acervo cultural del país si les permiten a todas contribuir. Sobre todo, enfatizó Chediek, enriquece a la democracia, a la cultura política, porque en la medida que todas las etnias participan se desarrolla la cultura del respeto y la tolerancia.

En caso contrario, esa bendición se puede convertir en problema, si las autoridades en vez de desarrollar la interculturalidad reprimen a las minorías étnicas y provocan así nuevos conflictos. Por ejemplo, nunca una ley podrá cambiar las ideas que muchos pobladores del Pacífico tienen sobre los nicaragüenses del Caribe, porque éste es un problema de educación y participación, no de obligación.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí