Diálogo entre Obando y José Miguel

León Núñez

Los miembros de la peña literaria El Bejuco insisten en volver a la literatura. No quieren saber nada de la política nicaragüense. Yo les manifesté que es imposible desligar la literatura de la política, porque la literatura tiene un valor político-social innegable. Les puse como ejemplo las novelas de Stendhal, Balzac, Dostoievski, Tolstoi, etc… sin las cuales no se podría conocer muy bien la historia de la burguesía.

Les puse también como ejemplo el fenómeno del poder político en la novelística latinoamericana y en el teatro antiguo, moderno y contemporáneo. Les hablé del teatro como expresión estética del poder. Les manifesté, como decía Bertrand Russell, que el género dramático es “el concepto fundamental de las causas sociales, toda vez que las leyes de la dinámica social sólo son inteligibles en relación con el poder, cuyo concepto desempeña un papel, en su ámbito, equiparable al de la energía en la ciencia física”.

Después que hice esta exposición pregunté: ¿podremos en El Bejuco desligar la literatura de la política? Les dije que estaba de acuerdo con que no se siguieran haciendo análisis políticos, pero que cultiváramos el teatro. Los invité a que continuáramos escenificando diálogos políticos. Yo creo que a través del teatro la peña El Bejuco se puede intentar desenmascarar totalmente la desmedida ambición de poder que existe en Nicaragua.

Seguidamente propuse que se pusiera en escena una obra teatral que podríamos llamar “Diálogo entre Obando y José Miguel”. Fue aceptada mi propuesta e inmediatamente se pusieron en acción dos miembros del cuadro dramático de la peña El Bejuco, los cuales se imaginaron teatralmente cómo pudo haberse desarrollado el diálogo entre Su Eminencia y el Secretario General de la OEA.

Obando: “Bienvenido señor Secretario General. Me alegra verlo. Siéntase cómodo, con confianza, como en su casa. Le agradezco sus esfuerzos por este país”.

José Miguel: “Gracias, Su Eminencia. Le agradezco esta audiencia. A mí me place conocerlo personalmente. Quiero que sepa que usted era mi candidato para Papa”.

Obando: “Muchas gracias. Puedo decirle que estuve cerca de ser Papa, pero a última hora me echaron la vaca los europeos y los norteamericanos. Usted sabe lo que es la política. Pero a pesar de todo puedo decirle que sigo gozando de la confianza de la Santa Sede y que sigo mandando”.

José Miguel: . “Veo que yo estaba equivocado. Yo creía que aquí los retiros de la jerarquía eclesiástica eran iguales a los retiros que se producían en el Ejército”.

Obando: “No, son distintos. Por ejemplo, Humberto Ortega, Joaquín Cuadra y Javier Carrión son generales retirados, en cambio, en la Iglesia no existe la figura del Cardenal retirado. Yo sigo mandando. El Arzobispo de Managua, monseñor Brenes, sabe que yo soy su jefe”.

José Miguel: “Yo ya había notado que el arzobispo Brenes no aparece por ningún lado”.

Obando: “Vea don José Miguel, Brenes es un buen hombre, un santo varón, pero es muy inocente. Tiene mucho que aprender. Aquí la política está llena de arañas”.

José Miguel: “Yo no conozco a los políticos de este país. De ellos tengo referencias muy superficiales. Me gustaría conocer la opinión que usted tiene de Arnoldo Alemán, Daniel Ortega y Enrique Bolaños”.

Obando: “Con la imparcialidad que me caracteriza, quiero asegurarle que Arnoldo es un gran hombre; un estadista de talla mundial. Es un cristiano excepcional. Es un hombre honesto. A mí me constan sus virtudes”.

José Miguel: “Pero a mí me han dicho lo contrario. Me dijeron que se había enriquecido ilícitamente”.

Obando: “Esas son calumnias de Bolaños y de los bolañistas. Bolaños tiene una lengua viperina demoledora. La fortuna de Arnoldo es fruto de su trabajo, de toda una vida de ahorro. Siempre fue un fuerte productor cafetalero, y además tuvo hace más de dieciséis años un gran éxito en la producción y comercialización de huevos”.

José Miguel: “¿Y Daniel?”

Obando: “Daniel y Arnoldo constituyen el binomio salvador de este país. Ellos descubrieron que para que Nicaragua pueda prosperar en paz, con estabilidad política y seguridad jurídica, debe aplicarse una especie de “Plan Colombia”; naturalmente que con algunas variantes. Ellos son los líderes indiscutibles de las dos fuerzas políticas aplastantemente mayoritarias de este país”.

José Miguel: “¿Quiere decir que Daniel ha cambiado?”

Obando: “Completamente. Ahora es un católico ejemplar: todo pureza y castidad y templo de bondad de los divinos pastores. Es un hombre cuya vida se define por una incansable lucha por los pobres. Yo todo esto se lo aseguro, entre otras cosas, porque soy su confesor”.

José Miguel: “¿Y don Enrique Bolaños?”

Obando: “Solamente le puedo decir que es enemigo de la Iglesia. No quiero decir de él verdades poco caritativas”.

José Miguel. “En su opinión, en este problema de las reformas constitucionales, ¿quién tiene la razón?

Obando. “Yo no puedo adelantar mi opinión. Pero, aquí entre nos, y con fundamento en un análisis totalmente imparcial y objetivo, debo decirle que Arnoldo y Daniel tienen la razón”.

En este momento Obando y José Miguel Insulza se despidieron amablemente. José Miguel volvió a darle las gracias al cardenal Obando por haberlo recibido y ambos prometieron que rezarían para que pronto se solucionaran los problemas de este país.

El autor es escritor.

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