La semana pasada, la principal firma encuestadora nacional, M&R Consultores, dio a conocer los resultados de una encuesta que fue hecha en los últimos días de mayo y primeros de junio recién pasado, según los cuales la mayoría de los nicaragüenses está de acuerdo con la participación de Nicaragua el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos, mejor conocido como DR-Cafta . En efecto, un 48.1 por ciento de los encuestados recomendó a los diputados ratificar dicho Tratado —que a nivel de Poder Ejecutivo ya fue suscrito por Nicaragua—, en tanto que el 34.5 por ciento expresó que recomendaría a la Asamblea Nacional no aprobar el mencionado acuerdo de libre comercio.
Para nosotros no han sido sorprendentes esos resultados. Sin embargo es importante y necesario destacar las expectativas que, según la información proporcionada por M&R, tiene la mayor parte de los nicaragüenses con respecto a la participación de Nicaragua en el DR-Cafta. Ciertamente, de acuerdo con la encuesta de M&R, la mayoría de los encuestados espera que con el DR-Cafta habrá más competencia y por lo tanto se podrá adquirir los productos de consumo a precios más favorables (49.5%, contra el 28.5% que tiene poca o ninguna expectativa de que eso ocurra). También la mayoría cree que con el Tratado de Libre Comercio regional mejorará el nivel de vida de todos los nicaragüenses (52.3% contra 26.1% que no cree lo mismo o tiene poca esperanza en eso). Igualmente son más las personas que confían en que con el DR-Cafta el país tendrá mejores posibilidades de prosperar (47.9% versus 29.2%). Y también es mayor el número de nicaragüenses para quienes dicho Tratado hará que venga más inversión extranjera (54.5% sobre 26.1%).
La verdad es que la gente no es tonta ni se deja confundir por quienes denigran el DR-Cafta sólo o más bien por fobias ideológicas o prejuicios políticos. La propia experiencia de Nicaragua en los últimos años ha demostrado que únicamente trabajando es que pueden mejorar las condiciones de vida, que para prosperar es necesario producir riqueza y que esto sólo es posible con fuertes inversiones de capital y tecnología, sobre todo extranjera. Y además, la mayoría sabe que las inversiones para crear oportunidades de empleo y de producción de riqueza, sólo podrán llegar en la medida en que el país se modernice y se integre a la corriente del libre comercio internacional.
Al respecto, en una amplia entrevista publicada en LA PRENSA del lunes 27 de junio recién pasado, el conocido periodista y escritor cubano-español, Carlos Alberto Montaner, señala que gracias a su aprovechamiento de la globalización y el comercio libre internacional, China comunista “ha conseguido que por lo menos 300 millones de chinos tengan un mayor nivel de desarrollo y hayan abandonado la pobreza”. Y en la India, informa Montaner, “otros 200 millones de personas han alcanzado niveles de desarrollo de clase media, gracias, precisamente, a insertarse en los circuitos comerciales internacionales”.
En realidad, el DR-Cafta abre para Nicaragua una oportunidad promisoria de crecimiento económico y desarrollo. Pero eso no significa que los beneficios caerán del cielo o que vendrán gratuitamente como llega la ayuda internacional. Por el contrario, para aprovechar las inmensas posibilidades que ofrece el comercio libre internacional igual que lo han hecho otros países, incluso de ideología comunista como la antes mencionada República Popular China, hay que enfrentar y resolver grandes desafíos y responsabilidades. Como por ejemplo las que se derivan de las asimetrías que económicas de Nicaraguacon los otros países centroamericanos y República Dominicana, ya no digamos EE.UU., y ante todo la insuficiente preparación de los recursos laborales nicaragüenses.
Un experimentado economista nicaragüense, el doctor Roberto Incer Barquero, quien fuera presidente del Banco Central durante el somocismo, pro en un período de gran dinamismo de la economía nacional, asegura que con el DR-Cafta Nicaragua podría crecer económicamente a un ritmo de ocho por ciento anual. Y tiene razón. Es cuestión de ponerse a trabajar a la altura de los retos que plantea la globalización.