Un héroe de guerra no puede ir a casa

Marcela Sánchez El sargento Carlos F. Lazo regresó de Irak en marzo y desde entonces quiere ver a sus hijos. Pero el médico de combate y veterano de la batalla por Faluya que ganó una Estrella de Bronce por su meritorio servicio, no puede verlos porque viven en Cuba. Estrictas restricciones estadounidenses a los viajes […]

Marcela Sánchez

El sargento Carlos F. Lazo regresó de Irak en marzo y desde entonces quiere ver a sus hijos. Pero el médico de combate y veterano de la batalla por Faluya que ganó una Estrella de Bronce por su meritorio servicio, no puede verlos porque viven en Cuba.

Estrictas restricciones estadounidenses a los viajes a la isla, adoptadas hace un año, limitan las visitas familiares a una cada tres años. Lazo, quien estuvo en Cuba en 2003 y cuyo hijo menor ha estado hospitalizado en las últimas semanas, debe esperar hasta el año entrante. Para ese entonces, Lazo podría estar de vuelta en Irak.

“Le estamos diciendo a alguien que luchó por la libertad que no tiene la libertad de ver a su hijo enfermo”, dijo el Senador Byron Dorgan (D-N.D.) en una entrevista. Dorgan presentó una enmienda esta semana para permitir por lo menos excepciones humanitarias a la prohibición de viajes. Agregó que la Casa Blanca le informó que el Subsecretario de Estado, Robert B. Zoellick, está estudiando el caso.

El presidente Bush aprobó las restricciones durante su campaña de reelección el año pasado, como una forma de garantizar el apoyo de la comunidad cubano americana cuya influencia política en la Florida puede hacer o deshacer un candidato. Misión cumplida, Bush ganó la Florida y mantuvo la Presidencia. Lo humanitario ahora sería eliminar las restricciones por completo o por lo menos no aplicarlas contra Lazo.

Pero si Lazo no está llegando lejos en su propósito es porque está luchando con mucho más que un proceso burocrático o con políticos reticentes a mostrarse benévolos con Fidel Castro. Lazo enfrenta la resistencia de sus propios compatriotas en este país. Personas como José Cohen.

Cohen y Lazo tienen mucho en común. Ambos nacieron en la Cuba de Castro hace 40 años y para comienzos de los noventa cada uno había escapado del régimen en una balsa. Ambos se han establecido exitosamente en este país y ambos dicen que añoran la oportunidad de ver a los hijos que dejaron atrás.

Pero Cohen tiene una posición totalmente distinta sobre las restricciones y cree que los esfuerzos de Lazo para suavizarlas son una “payasada”. Se identifica más con los históricos —como se conoce a los exiliados más viejos que vinieron inmediatamente después de la revolución de Castro— quienes en general continúan convencidos de que lo que se necesita son más restricciones, no menos.

En las propias palabras de Cohen, “la línea dura nunca se ha aplicado” contra Castro. De hecho, Washington ha sido demasiado “flojo” con el régimen totalitario. Agregó que “ir a Cuba es hacerle un favor al tirano”, incluso si eso significara la oportunidad de ver a los hijos que dejó atrás hace 11 años.

Los sentimientos de Cohen y de personas como él son los que explican la dureza en la política de Washington frente a Cuba. La intensidad de su rencor contra Castro podría hacerlos parecer insensibles ante tantas personas que pondrían su deseo de ver a seres queridos por encima de cualquier otra cosa. Pero es su estatus como víctimas y sobrevivientes del estado policial de Castro el que les da a sus opiniones una legitimidad y un peso que son casi imposibles de contradecir.

Rara vez un solo caso es suficiente para suscitar una reevaluación significativa de una política. Aunque también rara vez surgen casos como el de Lazo, héroe de guerra y cubano americano que con la misma legitimidad de sus compatriotas puede en forma prominente arrojar luz sobre lo absurdo de la situación.

Lazo lo pone a uno a reflexionar sobre las contradicciones de la política. Si prohibir viajes puede ayudar a cambiar un régimen, me pregunto durante una entrevista, “¿por qué puedes tú viajar desde acá a países (con regímenes represivos) como Corea del Norte, Irán o Siria”, en suma a cualquier parte excepto a la isla a 150 kilómetros al sur de la Florida? Si la prohibición busca mantener divisas fuertes lejos de las manos de Castro, ¿por qué los exilados cubanos pueden seguir enviando remesas a sus parientes más cercanos en la isla?

Fuera del ámbito político, no existe argumento racional que justifique mantener a Lazo lejos de sus hijos. Incluso políticos como el Senador cubano americano Mel Martínez (R-Fla.) han admitido que las limitaciones de viajes no sirven para acelerar la caída de Castro. Muchos argumentan, por el contrario, que una mayor libertad para viajar dará como resultado un mayor intercambio de ideas sobre libertad y democracia.

Cohen sigue siendo escéptico sobre el impacto positivo que los viajeros de Estados Unidos pueden tener en Cuba, a no ser claro que sean miembros de “la división 82” del Ejército estadounidense. “Debieran ir a coger a Fidel Castro”, dijo Cohen, “como lo hicieron con Saddam Hussein”.

Lazo no podía estar más en desacuerdo con ese sentimiento. A pesar de la lucha muy real de muchos de sus compatriotas para escapar de Castro y empezar una nueva vida en Estados Unidos “ellos no saben —dijo Lazo— lo que es una guerra”.

Fuera del ámbito político, no existe argumento racional que justifique mantener a Lazo lejos de sus hijos. Incluso políticos como el Senador cubano americano Mel Martinez (R-Fla.) han admitido que las limitaciones de viajes no sirven para acelerar la caída de Castro. Muchos argumentan, por el contrario, que una mayor libertad para viajar dará como resultado un mayor intercambio de ideas sobre libertad y democracia.

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