La diversidad cultural

Magdalena Úbeda de Rodríguez

La gran reunión casi mundial de 50 ministros de Cultura y 20 delegaciones extraministeriales en Madrid, España, nos ha demostrado una vez más que el Universo no presenta esa solidez y unicidad cultural que superficialmente se le había atribuido. Que los países más conocidos y ricos, cabe decir civilizados, no son monoétnicos, ni monohablantes: España, Francia, Italia, Alemania, Canadá, Estados Unidos, etc. son un mosaico de razas e idiomas, que su cultura por lo tanto no es única, es como un crisol donde más bien debían enlazarse todos los colores y debían juntarse todas las voces como en un coro se hace.

Con cierta inquietud he advertido que entendía yo (y así debió ocurrirles a todos los hablantes latinos) con cierta facilidad auditiva los discursos de franceses e italianos, de brasileños y rumanos, pero que sería para mí imposible comprender el decir de un miskito o de un sumo: mi gente, mi compatriota, sería un extraño, un lejano e imposible interlocutor.

He asistido a dos eventos sobre la diversidad cultural realizados uno en México en mayo y el último de junio en España. Lamentos tardíos por errores pasados. Esperanzas actuales y futuras se oyeron en laringes tan diversas como congolesas, brasileñas, francesas y egipcias. La voz mágica es, unámonos para descubrirnos. Tantos como vivimos próximos nos hemos ignorado, así como muchos que vivimos lejos nos sentimos íntimos, y esa cercanía la crea la comunicación verbal, el idioma conocido.

En el nacimiento de la cultura, primero fue el verbo el factor de unión y es triste que en la civilización del mundo actual el verbo nos separe. Se habla de respetar las culturas, sin embargo, aún para ese respeto intercultural, tantas veces invocado, es la comunidad idiomática el único posible lazo que nos hará conocer a fondo y luego amar y respetar al otro de otra cultura.

No existe un vaso comunicante más eficaz que el idioma. Contar lo tuyo, escuchar lo ajeno con palabras precisas que describan aquellos y el por qué aquel gesto, de la actitud asumida ante el árbol, el ser humano o el dios.

El cacique Nicaragua le preguntó al conquistador Gil González qué significaban aquellas señales en la frente, en la boca, en el pecho que se hacían los blancos que mataban con centellas; pero se lo pregunta a través del intérprete. Es cuando se le dice al indio que es la señal de la Cruz, y se oye por primera vez en la tierra firme del Nuevo Continente el nombre de Cristo.

Sólo el idioma, esa selecta forma de comunicación, la que opera el milagro que el humano pretende hoy día realizar : la transculturización. Cuando los mestizos del Pacífico aprendamos y dominemos el miskito, el sumo y el rama, ramas, sumos y miskitos dominen el Castellano será realidad la comunión de todas las etnias de Nicaragua y seremos una sola nación.

Cuando el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) incorpore a los programas de estudio la enseñanza al menos de uno de los cuatro idiomas que conforman el acervo cultural hablado en nuestro país, se asegurará el enlace de todos los nicaragüenses, como el matiz enlaza los colores.

La autora es Directora del Instituto Nicaragüense de Cultura.

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