Cooperativas y crédito agrícola

Carlos René Ramírez

Recientemente, el fondo de Crédito Rural (FCR) editó un folleto sobre esta temática redactado por el suscrito y sustentado en una experiencia de largos años en el extinto Banco Nacional. El exitoso Programa de Crédito Rural, que fue declarado el mejor programa de crédito al pequeño agricultor en Latinoamérica y que llegó a financiar hasta 38 mil 900 cabezas de familia, se iba expandiendo gradualmente incorporando a los pequeños y medianos productores que sin distingos políticos, religiosos, etc., tuvieran únicamente los factores de trabajo y honradez.

La ortodoxia del programa, manejado por gente honesta, reflejaba resultados positivos en las recuperaciones (95 por ciento) y aumentos de ingresos y de capital de los usuarios. El aumento constante de solicitantes, a quienes se les atendía con diligencia (en diez días retiraba su préstamo) se le brindaba asistencia técnica y se le proveían los insumos, nos presionó para implementar el crédito agrícola cooperativo y además de ser un banco de primer piso, nos constituimos en banco de segundo piso, pues con nuestra División de Cooperativas fomentamos, organizamos cooperativas regionales otorgándoles el crédito global que a su vez era distribuido a los asociados con el atenuante que el Crédito Rural financiaba los dos primeros años al Gerente de la Cooperativa quien era uno de nuestros ingenieros agrónomos capacitado en Administración del Crédito, Cooperativismo y buenas Relaciones Humanas.

Posteriormente vino el desbarajuste sandinista, hicieron anticooperativas, dilapidaron el dinero y en marzo de 1988 cerraron el Crédito Rural y saquearon el Banco Nacional, culminando con el cierre del mismo. Desde 1988 hasta 1998, el pequeño productor no tuvo quien le facilitara el dinero y luego por temor a que volvieran a robarse el dinero, los organismos internacionales no han visto con buenos ojos la creación de otra institución de primer piso estatal. El cacareado Banco de Fomento actualmente tiene de propulsores a los mismos que quebraron el Banco Nacional y además tiene enemigos naturales como los miles de instituciones prestamistas que proliferaron precisamente cuando cerró el banco estatal y la misma banca privada que con dificultad le presta a los pequeños agricultores.

El crédito agrícola se compagina bien con las cooperativas, pues éstas son ventanillas para canalizar los recursos con equidad y justicia y en nuevo sesgo moderno se pudieran usar las oficinas de algún banco privado con cierta conciencia social para posibilitar el acceso de miles de pequeños y medianos productores, pero exclusivamente a través de organizaciones formadas por ellos mismos, pues siendo los actores de la producción son los que manejan sus empresas con verdadera gestión y con justicia social.

El autor es experto en cooperativismo agrícola.

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