Carlos Herrera U.
Se entiende por cooperación el apoyo financiero o científico-técnico que países y organismos cooperantes aportan hacia el desarrollo y fortalecimiento de una región o de un país.
En las últimas dos décadas, Nicaragua se ha caracterizado por una activa participación en el campo de la cooperación internacional y por una activa participación en el movimiento de hermanamientos de ciudades y organizaciones civiles.
La Ayuda Oficial al Desarrollo (ODA) siglas en inglés, dirigida a Nicaragua, proveniente tanto de las fuentes bilaterales como multilaterales, se concede bajo dos modalidades que son donaciones (cooperación no reembolsable) y de préstamos concesionales (cooperación reembolsable) con bajas tasas de interés y plazos de pago no menores de 30 años.
Con relación al tipo de ayuda recibida, ésta se obtiene de diferentes formas: la ayuda financiera que contribuye de manera significativa al financiamiento de la inversión pública orientada hacia los diferentes sectores de la economía nacional; la cooperación en especie, la cual puede ser bienes de consumo directo o en bienes intermedios, los que posteriormente son comercializados nacionalmente para generar un Fondo de Contravalor, que tiene como propósito apoyar a iniciativas dentro del contexto de reducción de la pobreza y la generación de empleos.
Por otro lado, se tiene la ayuda financiera para la ejecución de proyectos de asistencia técnica con el fin de coadyuvar a implementar programas de fortalecimiento institucional y de modernización del Estado, en aras de que Nicaragua cuente con instituciones fuertes, modernas y eficaces. Finalmente, se tiene la contribución en recursos líquidos, los cuales son de rápido desembolso y se utilizan principalmente como apoyo para mejorar la Balanza de Pagos.
Anualmente el país recibe en ayuda promedio anual de cooperación unos US$500 millones de dólares, lo que representa un 12.5 por ciento del Producto Interno Bruto, PIB.
A esto hay que añadir que los programas y proyectos financiados por la cooperación externa también se han convertido en una importante fuente de generación de empleos de técnicos, profesionales, así como la contratación de auditores y consultores a los que seguramente el Estado no tiene capacidad financiera para contratar.
Sin embargo, al ver las cifras de manera global, la ciudadanía en general se pregunta ¿a dónde va todo ese dinero y por qué parece no avanzarse mucho en la disminución de la pobreza en Nicaragua?
Se les agradece a los pueblos y gobiernos de los diferentes países cooperantes, los cuales destinan parte de sus impuestos para contribuir al desarrollo del país. Pero el juego mágico de las cifras de la cooperación es una dependencia en donde ganan ambas partes, en su mayoría de casos no parecen tan efectivos a final de cuentas para la reducción de la pobreza.
Al decir que ganan ambos, implica muchos factores tanto económicos como políticos. Los países donantes liberan grandes cantidades de dinero para consultoría, realizados por firmas de sus mismos países y por contratos millonarios de capacitación y/o estudios de desarrollo, es así que el dinero pasa por Nicaragua solamente como un juego de cifras y regresa a sus lugares de origen de manera efectiva.
Esta capacitación brindada no se aprovecha, porque cada cambio de autoridades de Gobierno central como municipal, cambian su personal técnico o los mismos no se adaptan al cambio, y lo invertido en su capacitación se pierde, y los más remarcables son los estudios de desarrollo o preinversión, que aunque son necesarios, al final de unos meses se guardan en las bodegas de las instituciones, ministerios y alcaldías del país y parece que descubrimos día a día el agua helada.
Por otro lado, también se ejecutan proyectos de infraestructura y dotación de equipos, los cuales son más tangibles, éstos los desarrollan empresas de los mismos donantes, con la parte buena de que las obras y equipos quedan, se genera empleos temporales, pero el dinero regresa a sus países de origen. Parece crear una dependencia para ambos, pero al no tener la misma cooperación internacional una coordinación entre ellos de parte de sus intereses políticos, económicos y militares a nivel mundial, éstos repercuten en forma directa en países como Nicaragua.
También, la codicia y deshonestidad de algunos nicaragüenses y otros, además del descontrol y falta de coordinación, han provocado que dicha ayuda indirectamente financie actos de corrupción y delictivos y no sea tan efectiva para el alivio de la pobreza.
Lo cierto es que si la cooperación desaparece, crearía dificultades a niveles macroeconómicos, dada las características de una economía de consumo, donde es más atractivo importar que producir y exportar, afectada por la “enfermedad holandesa”, es decir, que el córdoba está sobrevaluado, en términos reales un dólar equivale a más de la tasa de cambio oficial, dicha enfermedad financiada es por los flujos de ayuda internacional, las remesas y muchos factores que hacen que seamos adictos a la cooperación externa. Además, la misma financia aproximadamente el 80 por ciento de la inversión pública y gran cantidad de proyectos de los ONG y parte del déficit comercial, por lo que en resumen, si ésta se corta causaría consecuencias impredecibles a la economía nacional.
La falta de incentivos a la producción crea dependencia y deja que se olviden los puntos de discusión de priorización de actividades y la sostenibilidad, pero que siempre son requisitos para acceder a estos fondos que en un futuro serán cada vez menos, por lo que la discusión de coordinación y efectividad no se soluciona únicamente con la implementación de enfoques sectoriales sino también con la adecuación de los recursos, estrategias a corto, mediano y largo plazo y definiciones claras de lo que se espera de Nicaragua. El reto está en rehabilitarnos de esta adicción, para que logremos en un futuro construir una economía que se valga por sí misma al igual que cuando no dependíamos de la ayuda externa en el período 1950-78.
El autor es economista y financiero.