Propuesta presidencial

Róger Mendieta Alfaro

“Se diría que el destino está marcando la hora de la final liquidación de la que fuera República de Nicaragua. Se oye el fatídico ¡sálvese quien pueda! En todos los órdenes sociales, con la misma inquietud y zozobra que sienten los pasajeros y los tripulantes de un barco desarbolado, sin timón ni brújula y condenado a hundirse y desaparecer en la inmensidad del océano…”

Esto que parece evidente en la actualidad lo escribió Alfonso Valle hace 77 años en la edición No. 7 de la revista Actualidad que se publicó en León, en julio de 1928.

El artículo que pareciera escrito como enfoque crítico de la actual situación que vive Nicaragua es como una descascarada y herrumbrosa fotografía del mal nacional que se proyecta desde un pavoroso pasado; la plaga nacional que carcome el cuerpo y exprime la sangre del pueblo nicaragüense.

Ese artículo, que adjunto al editor de LA PRENSA, y se titula Los nicaragüenses en fuga, y hace eco de la estampida del nicaragüense hacia otras tierras en donde son tratados como parias, se refiere a la pobreza de las instituciones, inseguridad nacional y expresa el articulista: “Semejante estado de cosas no depende de tal o cual partido político. Sino que es la resultante de la descomposición moral, que cunde y se infiltra como un contagio en todo nuestro organismo social”.

Los partidos no piensan. Los partidos no tienen cerebro. Los partidos sólo sirven de mampuesta y son el instrumento sobre el que se parapetan las ambiciones y las locuras de poder. No importa cuál sea el nombre, cuál fuere el color de la bandera. Si el líder carece de pensamiento cívico político, si el líder es un sátrapa, con él y en la satrapía se refundirá y fracasará el partido con todo lo que está tras él.

Entre las propuestas que se han escuchado en estos días de crisis y contumaz obcecación, la del presidente Bolaños contiene una estructura de solución totalizadora; abre el camino al diseño integral de la verdadera nación. Ni el PLC ni el FSLN deben dejar pasar por alto lo que propone el jefe del estado. A mi juicio, en esta Nicaragua volátil nadie permanece sobre un lecho de rosas. Y la respuesta sólida y categórica debe ser la de sentarse a negociar con el Ejecutivo el futuro de la República.

La historia nos ha enseñado que los conflictos armados, por muy trágicos y feroces que sean, terminan en la mesa de negociación. Éste ha sido el final histórico de las tragedias militaristas en nuestro país. Y es razonable que antes de llegar a la destartalada brutalidad de los tiros —sabemos cómo comienzan pero ignoramos su final— es recomendable que los actores se sienten a negociar lo que convenga al Estado desde el punto de vista de una apertura nacional para todos.

Los pretextos de romeros de la jurisprudencia alrededor de fingidas violaciones constitucionales deben ser puestos a un lado. Nuestra Constitución Política está hecha para ser violada como ha sido violada de todas maneras, reformándola. Es una de las más débiles y enredadas del mundo, y está llena de maquiavélicos escondrijos por los cuales es fácil salirse cuando se controlan los centros de poder con grupos de decisión.

Vayamos a unas elecciones previa negociación de aquellos intereses que sean más sensibles a ciertos dirigentes de partidos. Que una Constituyente formule y apruebe la nueva Constitución Política que nos saque del hacinamiento económico y de la barbarie social, para que Nicaragua y los nicaragüenses no continuemos viviendo dentro de este infierno de atraso.

No debemos insistir en negar al pueblo los derechos fundamentales de una vida decente; superar el estancamiento improductivo de exportar 650 millones de dólares —150 menos de lo que exportaba en 1978—, mientras Costa Rica ha incrementado sus exportaciones en un 1,100 por ciento y exporta en la actualidad algo más que seis mil millones de dólares anuales. Nicaragua no es pobre; pobres somos los nicaragüenses que no hemos tenido la capacidad de arreglar nuestras pequeñeces de pulpería. Bastaría con una paz sin robos y Nicaragua ya tendría una verdadera revolución.

Salvemos a Nicaragua, que si se hunde con ella nos hundimos todos, y heredaremos a nuestros hijos un infierno empobrecido. Tomémosle la palabra al presidente Bolaños: estructuremos una República decente y humanizada para todos los nicaragüenses.

El autor es escritor.

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