Tsunami cívico

Migdonio Blandón B.migdonioblandó[email protected]

La convocatoria que la Red por Nicaragua hizo a la ciudadanía en general a la exitosa marcha efectuada el 16 de junio recién pasado, tuvo como consigna explícita que al margen de sectarismos y partidarismos, bajo el alero azul y blanco de la Patria, debíamos pronunciarnos en actitud de repudio al pacto bicéfalo Alemán-Ortega, que con el control absoluto del Poder Legislativo y otros poderes, inconstitucionalmente van llevando al país a la debacle total.

Sería preciso que la egolatría y el fanatismo hubiese dejado ciego y sordo al que no perdió el elocuente pronunciamiento del pueblo, que sin halagos ni prebendas, con la explicitada difusión al llamado de repudio al pacto, ante amenazas y sabotajes, masiva y ordenadamente se volcó a las calles, demostrando que aunque la perfección es una utopía, por la multitudinaria asistencia, se ha visto a las claras el despertar cívico de la conciencia.

El Movimiento por Nicaragua (que ha sido el promotor de la Red por Nicaragua, organizadora de la marcha recién pasada), ofreció una misa de acción de gracias el sábado 18 de junio en la parroquia San Agustín, conscientes que a pesar de la crítica situación nuestro Señor hizo prevaleciese el orden en dicha manifestación, dándonos la fe expectante, que él propiciará los medios de salir adelante, salvando a nuestra Patria de hundirse en el caos.

En la manifestación inicial del 10 de enero, en su elocuente intervención, el doctor Emilio Álvarez Montalván profetizó que ese día se estaba formando un tsunami cívico que limpiaría al país de los daños politiqueros trayendo posteriores beneficios. Es cierto que el daño ha entorpecido la administración pública. De manera especial los acuerdos con el FMI, la Cuenta del Milenio y el TLC/DR-Cafta; pero, ¡el tsunami apenas comienza!

En recientes declaraciones, el mismo doctor Álvarez M., aludiendo a la gestión mediadora del Secretario General de la OEA, que de inmediato no logró que el diálogo necesario se realizara, comentó que la dificultad para ello se debía a que el Poder Legislativo inconstitucionalmente ha asumido poderes con los que ha efectuado un singular Golpe de Estado al Poder Ejecutivo, que dicho sea de paso “lo han puesto contra la pared”.

Pero, no es sólo al titular del Ejecutivo al que hacen daño, más que todo es al pueblo en general. A don Enrique por ser honesto no le han permitido gobernar con la eficiencia que hubiese querido. Él recientemente ha dicho que si es preciso ir antes a una Asamblea Constituyente, estaría dispuesto a renunciar si unánimemente lo hacen todos los poderes para mediante una Asamblea Constituyente cambiar la Constitución.

Lo que no sería conveniente antes de terminar su período, ya que faltando las condiciones ni haberse realizado primarias, sería para que el país cayese otra vez en manos de su destructor; y eso sería más que comenzar de cero, caer en el caos, llevándonos a una peor y ultradifícil situación, ya que el país no podría subsistir sin la ayuda internacional.

Al violar la Constitución, cambiándola y manoseándola a su gusto y antojo para dar dicho golpe de estado, como se dice: “Se están echando al saco al pueblo en general”. Razones o motivos, por donde se le busquen son inconsistentes. Los diputados aunque las bancadas mayoritarias se hayan hecho una sola gavilla, han violado flagrantemente la Constitución de la República, haciéndolo todo como si fuesen Asamblea Constituyente.

Por lo mismo las leyes que inconsultas han promulgado, invadiendo de hecho al Poder Ejecutivo, sin otra finalidad que la repartición de puestos y prebendas, cívicamente el pueblo consciente no está obligado a reconocerlas como válidas. Legalmente hay Recursos de Amparo múltiples; y tales leyes solamente pueden ser aprobadas o abolidas mediante una Constituyente o un referendo, lo que por el costo y riesgos, sólo son posible al tiempo correspondiente a elecciones generales.

Que Dios nos ilumine y nos dé el valor cívico necesario para rescatar del caos a nuestra sufrida Patria, y que: Nicaragua vuelva a ser República.

El autor es miembro de Eduquemos.

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