Ceder al chantaje no es una salida

María José Zamora

El artículo del ingeniero Antonio Lacayo: Una posible salida, publicado en LA PRENSA del 20 de mayo, hace un análisis muy correcto de la actual situación económica, social y política de Nicaragua; sin embargo considero que le faltó señalar con nombre y apellido a los verdaderos culpables de esta crisis.

Después del totalitario y dictatorial gobierno sandinista, el período de doña Violeta B. de Chamorro resultó ser el primer gran paso hacia la democracia. En este sentido me parece importante resaltar que fue la unidad de todos los sectores de la sociedad nicaragüense lo que hizo posible el triunfo de la Unión Nacional Opositora (UNO). Y que el FSLN por su incapacidad administrativa no tuvo más remedio que entregar un país saqueado por ellos mismos, con cero crecimiento económico; con una deuda internacional de 12 mil millones de dólares y con solamente tres millones de dólares en reservas. Además de “cerrar con broche de oro” el traspaso del mando presidencial, con la “piñata” sandinista. Para que la presidenta Chamorro pudiera gobernar y concluir su período presidencial, el ingeniero Antonio Lacayo se vio en la obligación de negociar el llamado Protocolo de Transición, con Humberto Ortega, Joaquín Cuadra Lacayo y Jaime Wheelock Román; que no fue otra cosa que aceptar que el FSLN “gobernara desde abajo”.

Decir que la solución a la actual crisis institucional está en que exista un pleno respeto a los postulados de la Constitución Política de la República por parte de todos los actores políticos, me parece un tanto ambiguo; porque no se puede meter a todos los actores políticos en el mismo saco; hay que ser claros en decir que aquí los únicos que están, no sólo desconociendo, sino violando la Constitución Política de la República, son los diputados. Por otra parte, sugerirle al Ejecutivo que respalde la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral “sin descalificativos de ninguna especie”, sería seguirle el juego al pacto.

Considero que el gobierno del ingeniero Enrique Bolaños ha hecho algo que los anteriores no lograron hacer y es iniciar una lucha frontal contra la corrupción y llevarla hasta sus últimas consecuencias. De hecho la crisis institucional que azota a Nicaragua es totalmente creada y planificada por los corruptos, con el único objetivo de hacer creer a los nicaragüenses que don Enrique se ha equivocado y que luchar contra la corrupción no beneficia a nadie.

En su discurso de transmisión de mando presidencial el ingeniero Enrique Bolaños dijo que defendería el precepto constitucional que establece la preeminencia del Poder Ejecutivo en la gestión pública y aseguró que los proyectos de ley que enviaría a la Asamblea Nacional para su aprobación, serían todos representantes de la voz y la voluntad del pueblo. Él ha cumplido esta promesa. Por el contrario, los diputados decidieron aprobar una Reforma Constitucional que viola la Constitución Política de la República porque contiene vicios de procedimientos en la forma y en el fondo que se oponen a la misma. Entre estas violaciones se destaca la que traslada atribuciones constitucionales del Presidente de la República al Poder Legislativo, arrogándose funciones de “constituyente” que no posee, violentando la voluntad popular que eligió en el 2001 al Presidente de la República con las funciones establecidas en el artículo 150 constitucional.

El Ejecutivo tiene que encontrar otra salida que no implique rendirse al chantaje del pacto liberosandinista. El presidente Bolaños no debe cejar en su ideal de construir esa Nicaragua que prometió en su campaña y con la que muchos ciudadanos sueñan, independientemente de las consecuencias.

La solución más sencilla para destrabar la economía del país y salir del atolladero está en manos de los diputados del PLC apoyando al Ejecutivo. Sin embargo, éstos han probado que prefieren hundir a Nicaragua y entregarse en cuerpo y alma a FSLN que rectificar su error. Por lo cual considero como única salida una revolución cívica ciudadana unida contra el pacto, respaldada por la Organización de Estados Americanos y por los países amigos de la Comunidad Internacional.

¡Por Amor a Nicaragua Unidos contra el Pacto!

La autora es psicóloga.

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