Violeta Reyes de Padilla
El siglo pasado fue el siglo de la cultura de la muerte, de la liberación sexual y del sida, de nuevas formas de ateísmo, tales como el materialismo, la drogadicción y terrorismo, etc. Asimismo, Dios en su infinita bondad y misericordia quiso regalarnos en medio de tantos horrores, hombres y mujeres maravillosos, algunos mártires de la fe. Entre la multitud de santos del siglo XX han descollado tres grandes santos: nuestro amadísimo y recordado Juan Pablo II, Beata Madre Teresa de Calcula y San José María Escrivá de Balaguer.
Ante la proximidad del 30 aniversario de su fallecimiento este 26 de junio, quiero referirme especialmente a San José María, quien fundó el Opus Dei, obra inspirada por Dios, en 1928, que pone al alcance de todos la posibilidad de ser santos en medio del mundo, y en la vida ordinaria de cada uno y de cada una. La obra de Dios nos invita a ser santos en las circunstancias de vida que nos toca vivir, en el trabajo, en la familia, en la política, en cualquier quehacer humano.
A principios del siglo XX se pensaba que la santidad era propia de personas consagradas a la vida religiosa, parecía imposible que se pudiera ser santos y contemplativos en medio del mundo. Sin embargo desde los comienzos fue apoyado por el Obispo de la diócesis y contó con la aprobación de los Papas. A partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia predicó la llamada universal a la santidad, ratificando así el mensaje del Opus Dei, tan viejo y tan nuevo con el Evangelio y la llamada de Jesús a ser perfectos como nuestro Padre Celestial.
La Obra de Dios se encuentra extendida por los cinco continentes y hay actualmente más de 80 mil miembros. Su enseñanza invita a encontrar a Dios, no en momentos excepcionales de la vida, sino en las entrañas mismas de lo ordinario. Su predicación ha ayudado a comprender a muchas personas que es posible caminar con Jesús “los caminos divinos de la tierra”.
A la luz de las enseñanzas de San José María millones de personas se han sentido urgidas a ser mejores, a trabajar mejor y a mejorar el mundo. Han descubierto el valor del trabajo, y han aprendido a imprimir en sus actividades profesionales y civiles el sello del servicio.
Fruto de esta formación han surgido en el mundo toda clase de obras de desarrollo humano y social, tales como centros de capacitación, escuelas familiares agrarias, colegios, universidades, entre ellas la Austral en Argentina, Piura en Perú, University of Asia and the Pacific en Filipinas, la del Istmo en Guatemala, y la famosa Universidad de Navarra, que por medio de la Facultad de Medicina, cuenta con su propio hospital que es reconocido como uno de los más importantes en Europa.
Dios concedió a San José María la gracia de hacer una catequesis viva en países de Europa y América. Su ejemplo y su enseñanza exhortada a dar vida a todas las realidades temporales, a transformarlas desde dentro, sin salir del lugar que cada uno ocupa en el mundo.
Una frase de su libro Camino ha calado profundamente en mi vida, y ha hecho que procure dar testimonio de vida y anuncie el Evangelio es la siguiente: “Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón”. (Cfr. Camino, punto n.1)
La autora es miembro de Animu.