Los niños continúan siendo los principales afectados por la proliferación de basura, moscas y mosquitos en barrios marginales.

Lluvias dejan caldo de vectores

Pobladores de barrios costeros esperan que el Minsa y la Alcaldía pongan más atención a su situación sanitaria Amalia [email protected] Lodo, basura, moscas y zancudos es el cóctel del día después de la lluvia que queda frente a la casa de Jeannette García, en el barrio Los Pescadores. García no hace nada por contrarrestar el […]

  • Pobladores de barrios costeros esperan que el Minsa y la Alcaldía pongan más atención a su situación sanitaria

Amalia [email protected]

Lodo, basura, moscas y zancudos es el cóctel del día después de la lluvia que queda frente a la casa de Jeannette García, en el barrio Los Pescadores.

García no hace nada por contrarrestar el lodo y la basura, más que quejarse de la poca consideración de la gente que llega en sus vehículos a tirar desperdicios casi enfrente de su vivienda.

Sin embargo, para neutralizar a los zancudos y a las moscas, García se unta kerosén, riega cloro y en la noche duerme metida debajo de un mosquitero.

Le toca prevenir tanto porque en su casa hay varios niños menores de 10 años y no quiere que permanezcan enfermos durante el invierno.

A pesar de tanto cuido, dijo que casi todos en la casa han estado con calentura o con tos y hasta diarrea.

“Es que hay mucha basura”, afirmó. A menos de 50 metros se alza el botadero espontáneo del que se queja García.

“El Minsa (Ministerio de Salud) aquí nos tiene en el olvido”, siguió García, quien considera que el abate que dejan los brigadistas del ministerio, en las pilas es insuficiente, ya que no evita la proliferación de zancudos, mucho menos de moscas, que se han multiplicado por estos días con tanta basura.

Los mismos males padece su vecina María del Socorro Cruz, quien no obstante, mantiene varios parches de basura en la entrada de su casa.

“Yo le pego fuego sí. Pongo una llanta y la quemo”, aseguró esta mujer quien evita los zancudos con “humeros”.

Hasta ahora, en esa vivienda que se localiza detrás de la antigua Escuela de Artes, sólo una persona ha caído con calentura en su casa de 10 habitantes.

Ayer en el área de emergencias del centro de salud Francisco Buitrago, los cuadros más comunes eran las enfermedades respiratorias, que suelen incrementarse durante la época lluviosa.

De las 35 personas —la mayoría de ellos niños— que atendió el médico de turno, Jorge Obando, la mayoría de los casos fue de tos y gripe. Cuatro llegaron con diarrea.

Obando les suministró suero de rehidratación, y a algunos los dejó en observación. Una de esas fue la niña de 2 años y medio, Katia Gutiérrez, habitante del barrio Hilario Sánchez, uno de los barrios de donde más personas se atendieron en el centro de salud.

Obando contó que muchos de los enfermos llegaban de los barrios costeros.

Aunque en comparación con los casos que se atienden los días de semana, que en promedio es de 80 personas, ayer la demanda en emergencias estuvo más bien baja.

Algunos como María Lidia Centeno han buscado atención directamente en el hospital. “Hace poco tuve a este niño hospitalizado, lo tuve bastante mal”, dijo señalando a uno de los dos menores que estaban con ella, en una calle del barrio Los Pescadores.

Centeno explicó que ella estaba usando mosquiteros, pero en el día éstos resultan insuficientes y además contra las moscas no hay nada. Esta vecina consideró injusto que las costas del lago sean utilizadas como tiraderos. “A veces hasta perros muertos amanecen en la calle”, se quejó. Los pobladores de los barrios costeros esperan que en los próximos días el Minsa y la Alcaldía pongan mayor atención a su situación sanitaria.

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