Peter R. Bernal
La situación internacional puede ser sumamente complicada, es más, no hay duda de que el Medio Oriente encabeza la lista de las prioridades y que el precio del petróleo tiene relación directa con la economía global, pero negar la dificilísima coyuntura en que se encuentra Iberoamérica, trasciende los simples límites de un país en particular y requiere de un verdadero periplo por sus realidades.
Lo empezamos en México, donde todo indica la posible victoria del actual jefe del gobierno del Distrito Federal Andrés Manuel López Obrador. Nos atrevemos a pensar que se trata de uno solo de los temas que deberían interesar a los politólogos, ya que la constante crisis inmigratoria con EE.UU., los llamados “vigilantes” voluntarios y otros problemas unidos a las declaraciones del presidente Vicente Fox, sobre los ciudadanos “negros” relacionándolos con los trabajos a que aspiran los inmigrantes mexicanos, despertaron mucho interés, pero mucho más allá de todo eso están las relaciones entre los dos países que pudieran seguir deteriorándose.
La América Central tiene sus dificultades, pero el caso de Nicaragua es el más dramático. ¿Cómo gobernar con un Poder Ejecutivo enfrentado al Legislativo o viceversa? Los franceses crearon el concepto de la “cohabitación”, un presidente de un partido y una Asamblea Nacional con mayoría de otro; pero en la patria de Darío, ni siquiera puede hablarse ahora de un partido oficialista, ya que los liberales no apoyan al actual Presidente y los dos grandes partidos pasan por divisiones internas en sus filas con miras al 2006.
Los nicaragüenses tienen la madurez política suficiente para buscar el equilibrio, y con la ayuda de la OEA, que está tratando de lograr un entendimiento entre todos los protagonistas para encontrar soluciones a corto plazo y volver al dialogo nacional, pero ¡ojo! El pueblo se está cansando. La primera prueba de esta fatiga fue la marcha contra todos los Poderes del Estado, y es posible que ante esta realidad, los líderes políticos puedan leer este primer mensaje claramente escrito en la pared, sin necesidad de buscar al profeta bíblico que se los interprete. Lo prudente sería el famoso “give and take” o sea dar y ceder. De lo contrario estaríamos ante un escenario que lo pudiéramos titular Cumbres borrascosas.
En Venezuela, la preocupación no sólo de los opositores del presidente Hugo Chávez sino de muchos alrededor del Hemisferio, es que el ex coronel tiene, entre otros planes, el desarrollar con la ayuda de Irán, un programa de energía atómica ¿Qué tal? Hoy las encuestas de opinión favorecen al oficialismo. Si a todo esto le añadimos los favorables precios del petróleo y lo difícil que es aglutinar a grupos opositores, ¡ojo! Chávez tendrá todo el tiempo necesario para seguir mejorando su imagen continental.
En Ecuador la pregunta sería, ¿quién es hoy el Presidente? Ha habido tantos cambios (veamos lo que ocurrió en Bolivia) que sería importante plantearse la pregunta. El reciente fraccionamiento de los partidos, ya nada monolíticos, nos recuerda que en cualquier momento una embestida populista, un golpe de Estado callejero, no militar, lo puede cambiar todo. Curiosamente, los países con gobiernos constitucionales de centro izquierda o izquierda, no son aparentemente tan problemáticos. Argentina, Brasil y Chile y hasta ahora Uruguay del presidente Tabaré Vázquez, presentan retos, pero no pueden compararse a los anteriores. Brasil quiere un escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU. En Chile, el presidente Ricardo Lagos será reemplazado eventualmente por una mujer de centro izquierda, la oposición se dividió en dos. En otras palabras, estos países mantienen su izquierdismo oficialista dentro de los parámetros aceptables hasta para el ala más conservadora del “State Department”. En cuanto a Uruguay, hay un compás de espera.
Pero el factor permanece, la era de gobiernos plenamente neoliberales o conservadores no es lo actual en gran parte de Iberoamérica. Hay que enfrentar un continente que pasa por una era de bolivarianismo, centroizquierdismo y populismo, más o menos agitado o contenido, según sea el caso, pero Washington debe comprender que tiene que despertar a esta realidad y tener mas sintonía con la región. Esto no es tema para improvisados sino para verdaderos especialistas.
El autor es analista internacional