Homenaje a “Nicaragua y su café”

Marcio Vargas

Ese exitoso empresario nicaragüense, aunque de origen en dos generaciones anteriores de inmigrantes italianos, don Carlos Pellas (le doy aquí medio en broma el trato de Don, pero en persona es un tipo muy sencillo al que uno no puede evitar vosear y bromear con él), dio en el clavo: “esto es un relajo”, para definir la cada vez más estúpida —¿muy fuerte el calificativo o me quedé corto?—, confusa y absurda crisis política-jurídica-institucional que nuestros “líderes” con la alegría irracional de niños lactantes juguetean con la nación como ante coloreados juguetes.

Los ticos le dirían “carnaval” y los argentinos “kilombo”. Todo lo mismo. Pero no quiero —con un tema que produce indigestión— seguir gastando papel y tinta hoy en las páginas de éste que fue mi primer diario de iniciación en el periodismo ya hace tres décadas… hummm, cuánto tiempo, Y qué tanto enseñaba Pedro Joaquín. Y qué falta hace. En fin. Ya.

Más bien recurrí a la generosidad de mis amigos en LA PRENSA para escribirles del lado claro de la luna: la cultura, la literatura, el arte… en fin lo bello del país, que no sólo lo es por mano de Dios, sino por cerebro del hombre y la mujer.

De ahí que deseo referirme al acontecimiento del recién pasado jueves 16 de junio en la sede del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, en residencial Las Colinas, donde hubo el relanzamiento y homenaje especial de primer aniversario, a una obra más especial aún llamada Nicaragua y su café, cuyo autor es ingeniero, arquitecto, inventor, medio alemán, bigotón, cafetalero, hotelero, ambientalista, diplomático, medio loco, esposo de una de las mujeres más extraordinarias que he conocido —las principales por supuesto son mi esposa, mi madre y mi desaparecida suegra—, baqueano de montaña, escritor e historiador. Y sobre todo amigo. Es mi amigo de esos pocos a los que uno puede llamar así sin temor a ningún tipo de hipocresía. Amigo.

El homenaje fue organizado por la Embajada de España en Nicaragua y por supuesto apoyado por la empresa cultural Hispamer, quien editó y publicó y tuvo el tino de hacerlo de forma lujosa para duradera y para exportar, y que actualmente distribuye con éxito tanto en Nicaragua como en otros países del mundo, entre ellos, claro, España.

Y es que como dice un alto funcionario de la Organización Internacional del Café que envió uno de miles de mensajes que ha recibido Eddy en apenas un año, más que la historia del café… la historia de Nicaragua en sus siglos decisivos (XIX y XX). Y como le dijo en una carta personal el presidente Bolaños al autor, es también un “ejemplo de lucha, de emprendedores, de personas que no se rinden a la primera” van haciendo camino al andar para que algún día salgamos del laberinto absurdo en que nos metimos desde que empezamos a gatear en el mundo, los nicaragüenses.

Un día de éstos, mientras conversaba yo con mi amigo y jefe, el embajador de Italia, Alberto Boniver, en la Fiesta Nacional de ese país el 2 de junio, se me acercó por aparte el canciller Norman Caldera, y como se imaginarán, vino a colación el tema de todas las paradas de buses del país: que la crisis, que Ortega, que Churruco, que Alemán, que FMI, Unión Fenosa, que peor, que no servimos, que…. Y Caldera me dijo: “A veces creo que nadie en el mundo odia y desprecia más a los nicaragüenses que nosotros , los mismos nicaragüenses”.

Me dejó mudo y quedamos de entrevistarnos el martes 14 para la agencia italiana Ansa a la que le trabajo y ver algunos temas distintos a los de todas las primeras planas de todos los días, de todo el país.

Pero el mal sabor se me quitó de la boca al saber que tendríamos, contra la imbecilidad de la politiquería barata, una fiesta con el libro Nicaragua y su café, de Eddy Khül… y de Mausi.

En mi oficinita de Hispamer, donde también laboro, he podido tener contacto con grandes creadores de los que Nicaragua debería estar orgullosa. ¿Qué ver si Joel se va al MTI o a Miami? ¿Qué de si el intendente o no? ¿Qué de la OEA que ni ella misma sabe arreglar sus problemas, y sus miembros ni siquiera tienen el valor de incorporar a Cuba, tan de América nuestra como mucho menos lo es USA que se opone por unos principios de pura prepotencia?

Nada de eso, desde Darío a Salomón, Joaquín, Alfonso, PAC y E. Cardenal; de Román a Lizandro, a Sergio, por Dios. De R. Fiallos o Aguilar, a Gioconda y la otra Rosario —mis amigasamigasamigas ambas, y tan distantes entre sí, ellas, por desgracia—, a Carola B. y a Blanca Castellón… entre tantas y tantos.

¿Y los grandes pintores? ¿Y los grandes académicos, filósofos, ¡músicos!, educadores, juristas? ¿Y los científicos como el extraordinario doctor Jaime Incer?

Hay cosas alegres de las qué hablar, vaya. Y Eddy, como Ricardo Pasos, y más y más, están ahí para decirnos como a Lázaro: sólo basta luchar para levantarse y empezar de una buena y bendita vez, a caminar.

Felicidades Eddy, con Nicaragua y su café, y felicidades nicaragüenses, entre nosotros mismos.

El autor es periodista nicaragüense.

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