José Rizo Castellón
El pasado 4 de junio leí en LA PRENSA el arti- culo del señor José Joaquín Cuadra Sandino, quien hizo referencia a mi persona afirmando: “¿Qué tal si compactaran algunos ministerios, o eliminaran la figura del Vicepresidente quien inexplicablemente desde cuando compite y es derrotado en la convención de su partido se convierte poco a poco en enemigo y conspirador del Presidente?” Tales afirmaciones no se ajustan a la realidad, y quisiera aclarar los errores expresados.
Yo no fui derrotado en la convención por el ingeniero Bolaños, pues ni siquiera competimos entre nosotros. Por diferentes razones en aquel momento varios dirigentes del PLC consideraron que lo más conveniente era que don Enrique fuera el candidato y yo su compañero de fórmula, a lo cual accedí y pedí a los convencionales que votaran por él. Él compitió contra Iván Escobar Fornos, David Robleto y Eduardo Montealegre.
Lo votos liberales que me respaldaban fueron decisivos para su victoria en la convención. A pesar de todo, su victoria no fue aplastante o sobrecogedora, pues no es un secreto que muchos liberales no lo consideran realmente liberal. Después de salir electo don Enrique por mayoría, este servidor fue electo candidato a Vicepresidente por unanimidad.
Es cierto que entre el ingeniero Bolaños y yo hay diferencias, lo cual es normal por muchas razones, empezando por mis principios y trayectoria liberal que nadie discute, versus el liberalismo de él que —sin entrar a juzgarlo porque no me corresponde— sabemos que es cuestionado. Somos diferentes en muchos aspectos, pues él actúa en la política como empresario y yo actúo en la política como político; él prefiere ordenar, y yo prefiero acordar; él frecuentemente prefiere tomar decisiones solo y yo prefiero siempre consultar; él es ingeniero y yo soy abogado; hay diferencias de edad, de carácter, de formación, de estilos, etc.
Han habido diferencias en el quehacer político y en la forma cómo concebimos las relaciones que deben darse entre el Presidente y el Vicepresidente. Las diferencias se dieron desde la campaña, cuando en lugar de impulsar una “fórmula presidencial” se quiso ignorar la figura del candidato a Vicepresidente. El asesor principal (de origen cubano) de don Enrique llegó a proponer que había que ocultar la figura del candidato a Vicepresidente para que no le hiciera “sombra” al primero. Propuesta que fue aplicada en buena medida y que originó —¡claro está!— muchas tensiones.
Ya en el gobierno, el Presidente nunca ha tomado en cuenta al Vicepresidente para consultarle o al menos informarle de los asuntos de Estado, enterándome de las cosas por medio de las noticias en los medios de comunicación. Nunca ha querido escuchar mis consejos (que probablemente le hubieran ayudado en algo para evitar muchas de las graves crisis que sufre nuestro país). No me concede las audiencias que numerosas veces le he pedido. No contesta mis cartas, ni para acusar recibo. Es decir, que si hay una actitud de hostilidad, es más bien del Presidente al Vicepresidente.
Jamás he conspirado contra el señor Presidente. Pero sé que algunos de sus más cercanos colaboradores le han dicho que el Vicepresidente conspira en su contra, lo cual es absolutamente falso. Y siempre he dicho —y lo repito— que lo mejor para Nicaragua es que el ingeniero Bolaños termine su período para el cual fue electo, a pesar de los errores políticos que tienen al país en tan difícil situación.
Como Vicepresidente fui electo popular y constitucionalmente exactamente con los mismos votos que obtuvo el Presidente. Ello me da un lugar legítimo y moral en el Gobierno de la República. Tengo un mandato popular como Vicepresidente; posición a la que en esta situación de crisis nacional he decidido no renunciar para ser candidato por el PLC. Pero, no para conspirar, sino para contribuir a la estabilidad del país.
Al señor Presidente le debo respeto, pero no sumisión. Le debo colaboración, pero no subordinación. Yo no fui “nombrado” por él, sino electo por el pueblo. Quizá por no ser “sumiso” algunos me acusan de “conspirador”; pero mi dignidad no me permite ser “sumiso” ni al Presidente ni a nadie.
Me enorgullezco de tener mis propios criterios, de ser independiente en mis actos y de reservarme el derecho a la crítica, aún dentro de mi propio partido. En uso de esa libertad de criterio algunas veces he estado de acuerdo con el Presidente y otras no. Hubiese sido mi deseo expresar mis desacuerdos con él en privado, pero sus actitudes me han obligado a hacer públicas algunas de mis críticas, aunque siempre con un lenguaje respetuoso, porque yo he tratado con todo respeto —a pesar de nuestras diferencias— a don Enrique (aunque él no siempre haya sido respetuoso conmigo).
El autor es Vicepresidente de la República