Augías

Luis Sánchez Sancho

Augías era rey de la Elida, en la península del Peloponeso. Él presumía ser hijo de Helios (el dios del Sol) y por eso participó en la expedición de los Argonautas, que fueron a la Cólquide en busca del Vellocino de Oro (el mechón de oro de un cordero sagrado que estaba clavado en un poste, con el cual se rendía homenaje al dios del Sol, y era vigilado por un gigantesco y fiero dragón), queriendo también conocer a su medio hermano Aetés, de quien se decía que vivía en ese lugar.

Augías heredó inmensos rebaños que eran inmunes a todas las enfermedades y producían leche y carne en fabulosas cantidades. En medio del hato de Augías sobresalían trescientos toros negros que tenían las patas blancas, y otra cantidad igual de toros blancos con las patas negras. Y era guardado aquel inmenso rebaño por doce toros todavía más blancos que los demás, tanto que durante la noche resplandecían como las estrellas.

Pero de tanta riqueza fácil que disfrutaba Augías cayó en la indolencia y dejó de limpiar los establos, de manera que el estiércol se fue acumulando y al cabo de treinta años toda la región estaba contaminada. Ni siquiera el aire era posible ya respirarlo.

Entonces apareció Heracles (Hércules), el gran héroe de la mitología griega y romana que era el prototipo de la fuerza humana, vencedor de los peores malhechores y realizador de increíbles hazañas. En realidad, Heracles o Hércules era para los antiguos griegos y romanos el símbolo de la lucha por la liberación y de la búsqueda de la inmortalidad mediante el esfuerzo heroico y supremo, más allá de los límites de la naturaleza humana.

Augías contrató a Heracles para que limpiara los inmundos establos y a cambio le daría una décima parte de los rebaños, pero debía hacerlo en el lapso de un día. Para eso Heracles desvió la corriente de los ríos Alfeo y Peneo y los hizo pasar por los establos de Augías, los cuales de inmediato quedaron inmaculadamente limpios.

Pero Augías faltó al compromiso que había hecho con Heracles y se negó a entregarle la parte de los rebaños a que se había comprometido. En vano fue que Heracles apelara al testimonio de Fileo, hijo de Augías, quien fuera testigo del acuerdo. Más bien Augías castigó a Fileo, mandándolo al exilio, y ordenó que Heracles fuera expulsado de la ciudad. Entonces Heracles se puso al frente de un ejército y se apoderó de la Elide, mató a Augías y mandó a traer a Fileo a quien colocó en el trono que había quedado vacante.

Por esta leyenda es que todavía hoy se acostumbra decir “limpiar los establos de Augías”, cuando se quiere hacer referencia a una obra que es sumamente difícil de cumplir, pero que es muy necesaria. Y se aplica sobre todo a una limpieza material, moral o política, por ejemplo en el caso de una nación o país que está envilecido por la dictadura, la corrupción y la inmoralidad gubernamental.

Limpiar los establos de Augías se dice para referirse a aquella gran hazaña que pone fin a una situación particularmente nefasta. Implantar la transparencia, llevar la honestidad a la administración pública de un país que se ha caracterizado por su gran corrupción, y castigar apropiadamente a los corruptos, es una tarea tan gigantesca como la limpieza de los establos de Augías que realizó el legendario Heracles o Hércules.

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