Sólo ha sido el comienzo

La inmensa marcha cívica multitudinaria que tuvo lugar ayer en Managua fue sin duda una clara advertencia para los pactistas que tienen sumido al país en una crisis profunda y peligrosa. Pero esta impresionante marcha no hay que verla como la llegada a una meta determinada, sino apenas como el comienzo de una intensa jornada de lucha que es necesario librar para derrotar el pacto liberosandinista, restablecer la institucionalidad democrática y recuperar la decencia y la dignidad nacional.

En realidad fue un espectáculo conmovedor y al mismo tiempo alentador, ver a ese mar de gente que marchó ayer en Managua. Personas de todas las clases sociales, de todas las edades, de todos los partidos y en su gran mayoría ciudadanos sin partido, que se unieron en la lucha por salvar la frágil y quebrantada democracia nicaragüense bajo el manto azul y blanco de la bandera nacional y por los más genuinos sentimientos patrióticos.

Una vez más quedó demostrado que cuando los ciudadanos se unen y movilizan no hay fuerza que pueda detenerlos. De nada valieron las amenazas de los elementos fanáticos del sandinismo orteguista y del liberalismo arnoldista. Los actos de sabotaje que hicieron los extremistas liberosandinistas para impedir la participación masiva de los ciudadanos en la marcha cívica, fracasaron de manera estrepitosa.

Ojalá que las cúpulas del orteguismo y el arnoldismo pudieran tener la hidalguía de reconocer el rechazo de la inmensa mayoría de la población al pacto liberosandinista y a la corrupción. Sin embargo, aunque no lo reconozcan públicamente, sus propios ojos espantados han podido ver cómo los ciudadanos marcharon multitudinariamente para corroborar lo que han venido diciendo con insistencia en las distintas encuestas de opinión pública: que repudian en pacto y desprecian a los pactistas.

Pero la lucha debe seguir hasta derrotar al pacto y poner a los pactistas en el lugar que les corresponde. Sólo la movilización de los ciudadanos podrá impulsar el cambio que se necesita para corregir el grave daño que los pactistas le han hecho al país. Y quiera Dios que este cambio se pueda lograr por el medio cívico por excelencia, que es la consulta electoral libre, limpia y competitiva.

Sin embargo, para que esto sea posible hay que derrotar los planes fraudulentos de los pactistas que dominan el Consejo Supremo Electoral. Los partidos genuinamente democráticos tienen que conseguir en las elecciones del próximo año, una amplia mayoría legislativa para revertir legalmente los nefastos efectos del pacto, para reconstruir la democracia y sanear el Poder Electoral, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de la República y demás instituciones del Estado.

La movilización de los ciudadanos debe ser permanente. Es la única manera de impedir que se imponga esa repugnante aberración de que el pacto es fuente de derecho y de legitimidad gubernamental.

Los ciudadanos deben organizarse en una amplia red de solidaridad y acción para rehabilitar el tejido social de la nación, restablecer la confianza en las instituciones democráticas, fortalecer los mecanismos de participación. En fin, para hacer de la democracia un instrumento apropiado de promoción de cambio, crecimiento y desarrollo.

Mediante una permanente marcha cívica por amor a Nicaragua y contra el pacto y la corrupción, se puede promover la renovación ciudadana y cultivar una cultura democrática avanzada, en la que nunca más pueda ser posible el predominio de políticos primitivos y corruptos como Daniel Ortega, Arnoldo Alemán y las camarillas que los rodean.

Sólo la acción cívica de los ciudadanos puede promover el surgimiento de una nueva calidad de dirigentes políticos que actúen de conformidad con códigos de ética en vez del cinismo moral de los actuales líderes corruptos y autoritarios de los hasta ahora “partidos mayoritarios” de Nicaragua. Nuevos dirigentes que se caractericen por su honestidad, por su vocación de servicio, por su respeto a la ley y a la justicia, por su disposición a tomar en cuenta siempre la opinión, el interés y los sentimiento de la comunidad.

Los ciudadanos no pueden esperar que venga desde arriba la reforma democrática que Nicaragua necesita con urgencia. Esta reforma tiene que surgir desde abajo, como resultado de una permanente movilización popular de la cual la gigantesca marcha cívica de ayer apenas ha sido el comienzo.

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