Defender la democracia y la gobernabilidad

Pablo Candia [email protected]

Nicaragua no saldrá jamás del círculo vicioso de desgobierno al que ha sido sometida desde que existe como nación, si su clase política no comprende y se adapta a los cambios globales de esta era tecnológica. En pocas palabras tienen que culturizarse políticamente.

Es lastimoso y hasta vergonzoso que en los albores del siglo XXI los “políticos” nicaragüenses sigan comportándose como en el tiempo de los Timbucos y Calandracas, cuando hasta los jefes militares usaban caites. Es penoso ver en las páginas de Internet a un individuo que es diputado asaltando un local para imponer su “ley”, atenido a su posición en la llamada Asamblea Nacional.

Es también vergonzoso que tengan que llegar hasta representantes de la OEA para enseñarles a los incivilizados políticos de Nicaragua cómo se solucionan los conflictos nacionales. Es como llegar a alfabetizar políticamente a esos individuos.

El somocismo no ha desaparecido como una conducta política bochornosa, excepto sus fundadores. Porque el legado somocista, aunque vergonzoso, es una actitud que sigue viva entre los políticos nicaragüenses. Arnoldo Alemán está preso por corrupto, una conducta netamente somocista, y la actitud del diputado que viola la propiedad e impone su voluntad sin que ninguna ley lo autorice es también odiosamente somocista.

Sabemos que la política generalmente es un juego sucio donde las intrigas y las misas negras son prácticas casi normales, pero un político culto, civilizado, con algún background académico, sabe jugar las cartas de la negociación y guardar las apariencias. Eso no ocurre todavía en Nicaragua a pesar que derrocamos una tiranía cuyos principios de gobierno eran la represión, la prepotencia, la intimidación y la corrupción.

Desde el extranjero los nicaragüenses vemos claramente que los políticos atrincherados en la llamada Asamblea Nacional se asemejan a aquéllos tristemente célebres jueces de mesta y caciques somocistas, quienes además de delincuentes se caracterizaban por ser analfabetos políticos y prepotentes.

Sólo en Nicaragua puede ocurrir que un Presidente no tenga el suficiente poder para nombrar funcionarios estatales. Los parámetros de la democracia occidental establecen que un Presidente es quien tiene el poder de nombrar ministros y directores de su gabinete, luego someterlo a la consideración del Congreso y éste, como se dice popularmente, espulga al nominado para investigar sus antecedentes.

También es triste seguir escuchando estribillos populistas ya pasados de moda de que el pueblo nicaragüense fue obligado a escuchar durante la revolución frustrada, y seguir leyendo análisis de corte seudo dialécticos que la nueva izquierda latinoamericana ha enterrado en el cementerio de la historia.

Yo recomendaría a esos políticos sin cultura ni visión política leer sobre las transformaciones profundas que están ocurriendo en China, las cuales están levantando a esa gran nación como una potencia global que está influenciando hasta la economía de Estados Unidos. La clase política china, a pesar de que se sigue rigiendo por un partido comunista, ha comprendido inteligentemente que con vivir gritando improperios contra occidente y especialmente contra Estados Unidos de América, a nada se llega más que a una confrontación sin fin.

Pero la clase política china es culta y quiere sinceramente el progreso para su pueblo, un hormiguero humano de casi dos mil millones de gente. Qué contraste entonces que un país tan diminuto como Nicaragua no pueda ser bien gobernado por culpa de sus políticos trogloditas para quienes el mundo no ha cambiado.

Pueden leer el libro China Inc (si acaso pueden leer bien en inglés) escrito por el veterano periodista norteamericano Ted C. Fishman, el cual fue publicado a principios de este año. Estoy seguro que después de leerlo los políticos sin cultura política ni background académico mejorarían un poco su visión del mundo y aprenderían cómo hacer política a favor de los pueblos.

El autor es periodista, reside en Kansas City.

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