El viernes de la semana pasada, el Grupo de los Ocho (G-8) que está formado por los siete países más industrializados y ricos del mundo, más Rusia, anunció su decisión de condonar el ciento por ciento de la deuda con organismos financieros multilaterales que tienen 18 países de los más pobres del planeta, entre los que se incluye a Nicaragua.
La decisión del Grupo de los 8 implica que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y (en el caso de los países de África) el Banco Africano de Desarrollo, anularán unos 40 mil millones de dólares que les deben los países beneficiados. Y esto, para Nicaragua significaría que unos 900 millones de dólares de deuda con dichos organismos serían perdonados.
Al conocerse esta información, el presidente Enrique Bolaños recordó que el perdón de la deuda que tiene el país con los organismos financieros internacionales no sería de balde, y que ante todo se requiere ponerse al día con el programa que fue acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual se encuentra virtualmente congelado como consecuencia de los pleitos políticos y los conflictos interinstitucionales.
Sin embargo, los líderes de los partidos políticos mayoritarios manejan la tesis de que independientemente de lo que ellos hagan —aunque sea lo peor— y por mucho que los gobernantes de los países ricos adviertan que suspenderán la ayuda internacional en el caso de que no se cumplan tales o cuales condiciones, al final siempre ceden y proporcionan la cooperación externa que es indispensable para la sobrevivencia del país.
En realidad, para seguir ayudando a las naciones pobres los países ricos ponen condiciones como la lucha efectiva contra la corrupción, la aplicación de drásticas políticas de sanidad macroeconómica, el combate —pero de verdad— contra la pobreza y el mantenimiento de la gobernabilidad democrática.
Sin embargo, si se observa la lista de los 18 países beneficiados por la reciente decisión del Grupo de los 8 (por su orden alfabético: Benin, Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Guyana, Honduras, Madagascar, Mali, Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia), es obvio que —salvo excepciones— no son precisamente naciones ejemplares en la lucha efectiva contra la corrupción y gobernabilidad democrática. Y tampoco han sido modelos de transparencia y democracia, ni mucho menos, los otros 9 países africanos (Camerún, Chad, República Democrática del Congo, Gambia, Guinea, Guinea Bissau, Malawi, Santo Tomé y Príncipe, y Sierra Leona) que según el anuncio del Grupo de los 8, en un plazo de 12 a 18 meses también serán favorecidos por una medida similar.
El Ministro de Finanzas del Reino Unido, Gordon Brown, quien fue el encargado de anunciar el viernes pasado la histórica decisión del Grupo de los 8, advirtió que no será a cambio de nada la condonación de los 40 mil millones de dólares de deuda que se le perdonará a los países arriba mencionados. Por el contrario, se les exigirá que cumplan los conocidos requisitos sobre el fortalecimiento de la lucha contra la corrupción y la garantía de que los fondos liberados por la condonación de la deuda serán invertidos realmente en forma apropiada, es decir, para beneficio de los más pobres y la disminución de los niveles de pobreza.
Quién sabe si los cumplirán. Pero de cualquier manera el hecho es que la decisión del Grupo de los 8 representa una excelente motivación para que los gobernantes de los países favorecidos pongan de su parte lo que es necesario para resolver el problema de la deuda externa, el subdesarrollo y la pobreza; pues como ha planteado el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, la eliminación de la deuda externa y la transferencia de esos recursos a inversiones en obras sociales es la clave para una estrategia realista de liquidación de la pobreza.
En el caso específico de Nicaragua no cabe ninguna duda de que la condonación de toda la deuda externa sería de enorme beneficio nacional. Pero también de muy poco o nada serviría —para la población—, si el país continúa atrapado en las garras del pacto libero-sandinista y si el próximo Presidente de la República fuese Daniel Ortega o cualquier fantoche liberal de Arnoldo Alemán. ¿Estarán claros de esto los gobernantes del Grupo de los 8?