Marco Mayorga
El desarrollo energético de cualquier país, incluso Nicaragua, es esencial para el desarrollo y progreso. Es estrategia de nación y por lo tanto responsabilidad de todos los protagonistas. Ante esta realidad, es inexplicable el continuar culpando y evadiendo responsabilidades.
Nicaragua es el país de mayores recursos hidroeléctricos y termales de Centroamérica, pero las distracciones políticas y la falta de acuerdo lleva a tomar acciones de corto plazo; sabiendo que construir progreso es tema de largo plazo.
¿Quiénes construyen el país? Cuando existe un ambiente atractivo a las inversiones públicas y privadas, el país se desarrolla por la fuerza de sus emprendedores y fuerza laboral. Pero es responsabilidad de los partidos políticos gobernar —que es su naturaleza y esfuerzo—, con responsabilidad y eficiencia, construir el ambiente que facilite el progreso. Solamente así se encontrarán los fondos o inversionistas que requiere la construcción de una generadora de energía hidroeléctrica que resolverá el problema del alto costo de generación.
El tema energético se evade y se politiza. Se insiste en hablar del pasado, señalando culpas, y se continúa sin estrategia. Para el Estado ineficiente sumado al descuido total del clima de negocio, la única opción ha sido generar energía por el método más fácil —cortoplacista— y carísimo del mundo: con búnker o combustible generado del petróleo.
Debido a que el Estado de Nicaragua no es eficiente en administrar la generación y la distribución de la energía; la opción es privatizar. Manejado por el Estado o por empresa privada el problema será el mismo: Generación cara y gran cantidad de personas que no pagan energía. Y alguien debe pagar: otros particulares o el Estado.
Cobrar más a las empresas repercute en los costos de producción, encareciendo los productos; y si el Estado la paga es porque tiene fondos extras producidos por la riqueza del país, situación que Nicaragua no cumple. Y para rematar, la situación, es aprovechada por algunos en politizar; se convierten en defensores no solamente de verdaderos necesitados, sino que incluyen a sectores con capacidad de pago. La cantidad de beneficiados es ilimitada, encareciendo la energía eléctrica a niveles fuera de control.
Por desgracia el precio del petróleo sube de US$25 a US$50. Entonces la pugna política se traslada a la situación energética. Y así pasa con otros temas que son de interés nacional, incluido el acuerdo con el FMI, el DR-Cafta, etc. Ante planeamientos de corto plazo sólo caben decisiones de corto plazo: generar menos energía —cortes— o subir de precio.
Los cortes perjudican más al pobre, pequeño empresario y comerciante. El grande cuenta con plantas eléctricas. La pulpería se afecta en muchos productos refrigerados, el pequeño taller e industria deberá dejar de trabajar.
Mientras la clase política se pone de acuerdo para tomar decisiones sensatas sobre una estrategia energética de largo plazo, haciendo lo adecuado para obtener confianza de los donantes y de los inversionistas, hoy no queda más alternativa que aceptar que el alto costo del petróleo se traduce en energía más cara. Todos estamos obligados a hacer ahorros y ajustes. Y todo por culpa de no estar tomando las decisiones correctas en cada momento de la historia de Nicaragua.
Lo más sensato es crear las condiciones para que Nicaragua pueda generar energía hidroeléctrica para que pocos años impactar en el precio de la luz, pero mientras tanto es prioridad y desenfoque la trama o novela política.
El autor es segundo Vicepresidente de AMCHAN.