Eduardo Enríquez
Ayer sentí tristeza. mientras los diputados del pacto se repartían alegremente los cargos de la Superintendencia de Servicios Públicos y del Consejo Supremo Electoral, yo me preguntaba, ¿dónde está la ciudadanía?
Sin duda, el nicaragüense promedio está demasiado ocupado buscando su próximo plato de arroz —como lo dijo una vez una funcionaria estadounidense— para preocuparse por quién continúa o quién empieza a disfrutar de las mieles del poder a cambio de la obediencia ciega al caudillo de su partido; sin embargo no todo es negativo, al menos estamos viendo que surge una semilla, que de germinar podría dar frutos de verdadera libertad y desarrollo.
El aspirante sandinista a la Presidencia, Herty Lewites, ha propuesto un “frente común” contra el pacto, que permita contrarrestar el control total del escrutinio del año que viene. Mientras, por su parte, el Movimiento Por Nicaragua está convocando a la unidad contra el pacto.
Creo que se está agotando el tiempo para empezar a trabajar en este sentido y hay que comenzar ya. Los que piensan que la batalla se va a librar un día de noviembre del 2006, cuando los ciudadanos elijan al próximo Presidente están equivocados. Ya para entonces todo estará consumado.
Con los magistrados electos ayer al Consejo Supremo Electoral, los aspirantes Herty Lewites y Eduardo Montealegre —los personajes con mayor popularidad política hoy en día— tienen garantizada su inhibición.
José Marenco Cardenal, como presidente del Comité Electoral, prácticamente expulsó del Partido Liberal Constitucionalista a Montealegre; y no menos se puede esperar de José Luis Villavicencio o Emmet Lang, ambos ex secretarios políticos del Frente Sandinista en Managua, en relación a Herty Lewites.
Entonces, aunque es lógico que ambos precandidatos anden en campaña, ésta no debe ser una campaña convencional. ¡Por Dios! Si no estamos hablando de las elecciones ticas. Aquí no pueden pensar en “ganar” una nominación, van a tener que “arrebatar” al pacto esa nominación.
Y la única manera es usando esa popularidad de que estas dos personas disfrutan, para movilizar a la ciudadanía en contra del pacto. Esto debió haber comenzado hace meses, para poder tener suficiente fuerza y haber puesto a varios miles de nicaragüenses frente a la Asamblea Nacional para demostrar el repudio de esa elección. Sin embargo lo que hubo fue silencio.
Pero aún no es demasiado tarde. Puede que exista recelo entre estos dos hombres, posibles rivales en el futuro, para unirse en una sola lucha, pues el problema va a ser quién sigue a quién. Pero ahí está la plataforma del Movimiento Por Nicaragua. Ese Movimiento, supongo, no pertenece a ninguno de los dos y puede ser el terreno “neutral” en que ambos pueden actuar.
La semilla está ahí, la propuesta está ahí, y sólo Lewites y Montealegre, o Montealegre y Lewites, son las personas que hasta el momento pueden conquistar la imaginación de la ciudadanía y convencerla de que es posible presionar por un cambio.
Esa es la única salida, de lo contrario seremos forzados a escoger entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega o sus fantoches, y si por alguna presión internacional el pacto se ve obligado a admitir una tercera candidatura, simplemente le aplicarán el fraude que el año pasado practicaron en Granada.