El fin no justifica los medios

Pablo Sanabria

“Una verdad perjudicial es mejor que una mentira útil”.
Thomas Mann

Los delitos económicos cometidos por el señor Arnoldo Alemán durante su gobierno asestaron un duro golpe a la naciente democracia nicaragüense y a la estabilidad político-económica del país. El encarcelamiento del ex Presidente ha llevado al país al borde del abismo. La cúpula que controla el partido liberal decidió serle fiel a cualquier precio. El fin era liberarlo y cualquier medio para conseguirlo estaba justificado. En este contexto nació el pacto libero-sandinista, el otorgamiento del control de tres poderes del Estado, la aprobación de reformas constitucionales de fondo sin consultar a la ciudadanía, la creación de leyes que reafirman la “piñata”, y todo lo que aún nos falta ver.

El gobierno del señor Bolaños fue una piedra en el camino para los liberales, pero de ninguna manera, la causa primaria de la crisis que vivimos. Si Bolaños no hubiera denunciado los abusos de Alemán, los sandinistas de todas maneras lo hubieran encarcelado y luego, hubieran buscado la negociación y el pacto. No había forma de evitarlo, a menos que los liberales creyeran que “una verdad perjudicial es mejor que una mentira útil” y hubieran sacrificado su amistad, simpatía y agradecimiento hacia el ex Presidente en aras de la Patria y del bienestar de la gran mayoría de nicaragüenses. Pero eso era pedir demasiado. Los sandinistas lo sabían y contaban con ello. Los liberales no sólo traicionaron al pueblo sino también a sus fundadores. Sobre ellos pesa la responsabilidad del estancamiento y regresión que ha sufrido la democracia nicaragüense. La historia se encargará de pasarles la cuenta.

De aquí en adelante, lo que se prevé en Nicaragua es el restablecimiento de la dictadura como forma de Gobierno. Lo interesante de esto —y también lo más grave— es que se trata de una dictadura legalizada, es decir, que utiliza como vehículo las instituciones democráticas. Los legisladores aprueban leyes inconstitucionales y la Corte Suprema las respalda sin discusión. Luego, los legisladores se ufanan de actuar “conforme a derecho” y allí termina el asunto. El único medio que le queda al pueblo para desarticular la dictadura bicéfala que nos ahoga serían las elecciones libres y auténticas. Sin embargo, los miembros del Poder Electoral son electos por el Poder Legislativo controlado por la nueva dictadura. Por lo tanto, ni siquiera el legítimo ejercicio del sufragio está garantizado.

La democracia como sistema no es suficiente para asegurar la libertad y la justicia de los ciudadanos. Se requiere que quienes gobiernan sean hombres probos, de principios, que se respeten a sí mismos y que mantengan en el orden correcto su escala de valores. El fin jamás justificará los medios. Nosotros, los nicaragüenses, ya lo sabemos por experiencia.

El autor es Abogado

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