Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/[email protected]
El sonido de los disparos, la discusión que se armó entre su padre y el homicida, así como el hecho trágico de verlo tendido en el camino, son quizá imágenes que nunca se borrarán de las mentes de Edwin y Janier Alejandro Umaña Chávez, ambos hermanos de 8 y 6 años, quienes presenciaron la muerte de su progenitor a manos de un viejo enemigo.
El suceso ocurrió a las 5:00 a.m. del martes en la comunidad rural Ochomogo, jurisdicción de Santa Teresa, Carazo, a poca distancia de la casa del occiso y a unos 45 kilómetros de Jinotepe, cabecera del departamento. El cuerpo fue trasladado en hamaca por sus familiares hasta La Hormiga, donde vive la mamá, pocas horas después de haber celebrado su día.
El occiso era el campesino Douglas Domingo Umaña Cruz, de 28 años, quien pereció de un disparo en la tetilla izquierda que le causó hemorragia masiva por lesión cardiopulmonar y recibió otro disparo en el brazo derecho, según dictamen del forense Sergio Cano.
Cano además extrajo la bala mediante una cirugía emergente que tuvo que realizarle al cuerpo en el lugar, debido a la lejanía y malos caminos del sitio, ya que era muy complicado llevarlo a Medicina Legal. El proyectil será examinado en laboratorio para conocer el calibre del arma homicida.
Según Harlin María Chávez Vanegas, de 25 años, esposa del difunto, en ese momento se dirigían ella y sus dos niños junto a su marido, hacia la comunidad La Hormiga.
“Él iba para Buena Vista, donde trabaja, pero mis hijos y yo salimos con él para pasarnos quedando donde mi suegra”, dijo la mujer mientras declaraba a oficiales de investigación de la Policía y funcionarios de la Fiscalía.
Según las indagaciones policiales y los testigos del suceso, el homicida fue el sujeto identificado como Pedro Chávez Canales, quien tenía rencillas de vieja data con el difunto.
Al parecer Chávez andaba ebrio, encontró en el camino a Douglas y le preguntó por un caballo que se le había extraviado y éste le respondió de mala gana, por lo que ambos discutieron acaloradamente y el desenlace fue mortal.
El cuerpo cayó recostado a un lado del camino frente a la casa de Segundo Vanegas Chávez, tío de la esposa de la víctima. Éste declaró que Pedro Chávez estuvo tomando licor la noche anterior y que había llegado a su casa para invitar a unos tragos, pero no le aceptaron.