La convención del PC

Eduardo Chamorro Coronel

El domingo 5 de junio debía celebrarse la convención del PC, pero por una resolución del CSE se realizará sólo un mitin. Desde el 10 de diciembre del 2004 el PC ha estado enfrascado en sus elecciones internas que debían culminar en la elección por medio del voto secreto de las autoridades nacionales y proclamar su visión esperanzadora ante las elecciones del 2006.

El país ha entrado independientemente de todas las apariencias y realidades, muchas de ellas negativas, a una nueva etapa de desarrollo. Por un lado encontramos una nueva clase nicaragüense que con optimismo trata de librarse de las barreras existentes para superarse, a ellos se suman una enorme masa callada que comprende que detrás de este esfuerzo está la oportunidad de un mejor futuro reduciendo la pobreza y eliminando la miseria. Por otro lado, una clase política atrincherada en la Asamblea Nacional, se ha quedado mirando hacia atrás, buscando inspiración en Castro o en Somoza.

El Poder Ejecutivo, asediado y saboteado desde la Asamblea por el pacto, ha perdido parte de su iniciativa desarrollista al estar enfrascado en la defensa del sistema presidencialista, sistema respaldado por la mayoría de los nicaragüenses. En el mejor de los casos el Ejecutivo llegaría al final de su período salvando el sistema político de la arremetida de los pactistas, preservando la macroestructura económica pero sin lograr los niveles de empleo perseguidos ni la reducción de la pobreza requerida. Pero su mayor logro, además de su lucha contra la corrupción, sería garantizar la continuidad del proceso democrático por medio de elecciones libres.

El danielismo, autocondenado por sus ataduras, no acaba de evolucionar para presentarse como opción de gobierno, no logra superar los ochenta, como el alcohol para el borracho el populismo de antaño lo embriaga impidiéndole visualizar su incorporación definitiva en nuestra nacionalidad.

Por su parte el PLC, quien antes se presentara como el defensor de la democracia, ha perdido el norte y confiabilidad, tímidamente ubicado como extensión sandinista, en el sector de la izquierda. Basta señalar que han abandonado la Internacional Liberal, sumado al danielismo en el rechazo del TLC o al menos condicionándolo para hacerlo inaceptable, y junto con el FSLN luchan contra la libertad de prensa imponiéndole impuestos caprichosos, o por un falso nacionalismo se oponen a la destrucción de unos misiles obsoletos que ni el ejército defiende, e increíblemente apoyan al danielismo en el problema de la propiedad, insólito pero cierto.

Los nuevos dirigentes conservadores, además de continuar el programa de modernización emprendido, tendrán el reto de estructurar el andamiaje político que albergue las fuerzas democráticas en una alianza nacional contra la voracidad de uno y la corrupción del otro. Serán ellos quienes conjuntamente con los liberales libres de la lacra de la corrupción; con los sandinistas desencantados de la revolución traicionada; con la emergente sociedad civil; con las mayorías desencantadas; quienes marcarán la esperanza y el sendero democrático del 2006.

El autor es arquitecto.

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