Roberto Morales Muñoz
La aclamada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) daría inicio en enero del 2005 según lo previsto en la Cumbre de las Américas, realizada en Miami en 1994. Sin embargo, las negociaciones para concretarlo se encuentran estancadas desde hace año y medio paradójicamente, donde nació, se realizó la última cumbre de ministros de Comercio sin arribar a ningún acuerdo que transformara en realidad el sueño norteamericano, a pesar que los esfuerzos realizados en los últimos meses no dieron resultado para establecer nueva fecha a la cumbre de ministros.
Desde mediados del 2003 ya se podía pronosticar el inminente fracaso del ALCA, por ello los estrategas de Washington decidieron impulsar paralelamente acuerdos comerciales bilaterales con Chile y Panamá, con Centroamérica y República Dominicana y tres países andinos (Colombia, Ecuador y Perú), para no hacer el ridículo en la comunidad internacional y ante sus propios ciudadanos.
A la fecha, muchos especialistas se continúan preguntando, ¿es necesario continuar con el ALCA?, y la respuesta es siempre la misma, mientras Estados Unidos no deje de subsidiar sus productos agrícolas, este bloque no tendrá ningún sentido, pues nuestra economía depende principalmente de la agricultura.
Si bien es cierto, el ALCA plantea una alternativa de integración, inversión y exportación de productos a nuevos mercados o cuotas a los ya conquistados, no menos cierto resulta que no plantea una solución a nuestros grandes problemas económicos, mucho menos a los políticos. En ese sentido, el Gobierno de Nicaragua y sus altos funcionarios son los llamados, por conciencia cívica, moral y patriótica, a prever los perjuicios que se avecinan con el fin de enfrentar los posibles daños que el Tratado de Libre Comercio le pueda ocasionar a la economía y producción nacional, pero nada se escucha ni se dice sobre este delicado tema.
La administración de Enrique Bolaños debe ser consciente del mal papel que viene cumpliendo. Por ello, considero necesario elevar a su consideración algunas recomendaciones, a tener en cuenta, para evitar los daños del ALCA, inclusive del DR-Cafta, entre otros:
— Estimular al empresariado nacional y extranjero a invertir y reinvertir en el país, brindando más facilidades al inversionista para materializar su inversión dentro de un marco jurídico real y racional, con reglas claras y definidas, beneficiando a todos por igual.
— Reducir la gestión de conformación de empresas, inscripción y pago de contribuciones al fisco, así se podrá, sin discriminación alguna, favorecer al pequeño, mediano y gran empresario.
— Destinar mayor presupuesto a la educación, mejorar el sistema educativo, introducir carreras técnicas al sistema educativo, capacitar adecuadamente a los docentes.
— Reducir más el aparato burocrático del Estado y presentar alternativas viables del empleo propio a los supuestos “desempleados” mediante programas que permitan la capacitación y conformación de empresas productivas, reduciendo la burocracia, gastos de planillas, generando empresas y fuentes de empleo.
— Fomentar la productividad a los pequeños y medianos agricultores.
— Crear un banco de desarrollo agropecuario que otorgue créditos que generen producción y no lucro a los bancos.
— Crear mecanismos de defensa contra las subvenciones agrícolas.
— Mantener el diálogo como instrumento de consenso.
— Eliminar totalmente los sueldos fantasmas, reducir más los salarios de los altos funcionarios y eliminar las gollerías y demás gastos, prebendas y privilegios de todos los funcionarios públicos, innecesarios en una economía tan pobre como la nuestra.
— Preocuparse por el sentir y la opinión de los diferentes actores sociales, los sectores que se verán afectados si el ALCA o el DR-Cafta se aprueban y ratifican.
— Preocuparse por lograr un consenso entre el PLC, FSLN y asociados de ambos para la aprobación y ratificación del mismo, sustentando una postura patriótica con medidas adecuadas que reviertan los aspectos negativos del tratado, sin paporreteo ni politiquería barata.
Un ALCA legítimo y satisfactorio para las naciones requiere de “libre comercio”, no comercio impuesto, se requiere de asimetría no de reciprocidad, requiere de comercio sin barreras, sin subsidios, sin prácticas desleales y con un creciente flujo de inversiones productivas, donde ninguna de las partes tome ventaja sobre la otra, no lo que nos intentan imponer.
Nicaragua debe recibir necesariamente un trato asimétrico, es decir diferenciado y preferencial de acuerdo a su nivel de desarrollo, en vez de recibir reciprocidad que ocasionará daño a la producción y la economía nacional. El único peligro que posee el ALCA para sucumbir es el reconocimiento del principio de asimetría y no de reciprocidad entre iguales, así como un eventual TLC entre el Centro y el Sur de las Américas.
El autor es Jurista en Derecho Internacional