Edgard Rodríguez C.
Ya es suficiente. No se puede seguir agrediendo más al beisbol. Se le agrede desde los escritorios de directivos que convierten reglamentos en papel higiénico.
Nunca antes una liga había sufrido tantas modificaciones a su configuración como ahora. “Preparamos una reglamentación para nada”, dijo ayer con pesar en su voz y desde su lecho de enfermo, Oscar Larios. La credibilidad del torneo no parece interesar a nadie.
Se agrede al beisbol desde los micrófonos de las emisoras a través de los cuales se lanzan acusaciones terribles, pero sin llegar a precisar quién es el acusado y en qué consiste de forma concreta la acusación.
Se descalifica al que piensa distinto, mientras se trata de sacar provecho del relajo con fines electoreros, mientras otros se hacen las víctimas asumiendo roles que nadie les cree.
El colmo fue lo que pasó ayer en Rivas, donde algunos peloteros, que habían sido verdaderos profesionales, recurrieron a la violencia para resolver un conflicto originado por un pelotazo de José Guzmán a Marlon Abea, lo que dejó al menos ocho expulsados.
“El beisbol ya está como la política, donde lo que prevalece es el ataque contra el adversario para ganar espacio”, se lamentaba recientemente Alex Torres.
No podemos seguir así. Y digo no podemos, porque el periodismo es también un factor decisivo en este escenario. Y puede coadyuvar a resolver la crisis si asume una actitud propositiva, que no es igual a hacer caso omiso de las irregularidades, sino señalarlas con claridad, pero dentro del marco del respeto.
El beisbol nacional merece mejor suerte. Necesita restituir su imagen como el rey de los deportes. La liga actual, merece estabilidad y está urgida de recuperar su credibilidad.
Ojalá en lo que quede del torneo, los duelos se diriman en el terreno, pero no a los golpes. Dejemos las elecciones, para su momento. El beisbol no puede continuar siendo agredido.