Mario Alfaro Alvarado
Brisa refrescante que disipa las miasmas políticas, es lo que percibí en la entrevista de LA PRENSA del domingo 1 de mayo. En ella se recoge el pensamiento limpio, equilibrado y sinceramente patriótico de un ciudadano sin contaminación política.
Nelson Estrada Solórzano, que combina la sicología con la administración de empresas, se ocupa de la política vernácula desde una perspectiva no contaminada por los intereses partidarios ni las tentaciones del prebendismo. Dice las cosas sin disfrazar lo que realiza un grupo de la sociedad civil que ha abandonado la cómoda posición de “esperar a ver qué sucede en este país”, mientras soporta los abusos del sistema corrupto que explota a los nicaragüenses.
Desde la primera pregunta el entrevistado admite que el Movimiento Por Nicaragua es político pero no partidario y afirma que no apoyarán a ningún candidato “específico”, sino a todos en general. Hay aquí una imprecisión en el objetivo, pues el candidato que Nicaragua necesita debe tener cualidades específicas para salvar a la Patria.
En la segunda pregunta el entrevistado pone todo énfasis en democratizar a los partidos. Esta respuesta deja por fuera a la historia. ¿Cómo se pueden democratizar partidos que nacieron antidemocráticos, caudillistas y expertos en el fraude electoral para imponer candidatos? Liberales y conservadores durante todo el siglo XX tuvieron tiempo y oportunidad de democratizarse y no lo hicieron; luego se sumaron los sandinistas, de un partido que nació totalitario y sigue siéndolo.
La tercera pregunta expresa la duda de que el Movimiento Por Nicaragua puede ser una suerte de “grupos de chicos bien”. Toca la pregunta un punto sensible que merece definir con claridad. El Movimiento Por Nicaragua no es de clase rica, es decir, de diletantes que se divierten jugando a la política. Como primer paso trata, y lo está haciendo, de incorporar a la clase productora, excluida de los ajetreos políticos por falta de ubicación ideológica frente a las falsificaciones “izquierdosas” y “populistas” de demagogos que se proclaman defensores de las “clases populares”. ¿Qué bueno han hecho estos demagogos por esas clases populares, que no sea explotar sus necesidades para usarlas como fuerzas de choque?
En la cuarta pregunta la respuesta fue muy clara y precisa, respaldada plenamente por la historia: “Cuesta mover a Nicaragua después de un siglo de gobiernos podridos”. Debió agregar el entrevistado que esos gobiernos son podridos porque los partidos de donde provienen son igualmente podridos y no hay en ellos nada que se pueda utilizar para intentar una renovación integral que salve a Nicaragua de la gangrena de la corrupción.
La octava pregunta sugiere la prevención de que “el movimiento depende de la iniciativa del Presidente”. La respuesta es franca y valiente: “¿Por qué no?”
No estamos en nómina de ningún gobierno. ¿Qué problema hay que tengamos coincidencias con el Presidente? Tenemos un Presidente que es honesto, que es un demócrata. Y esos son los parámetros que nosotros estamos promulgando”.
El autor es periodista.