Necesidad y utilidad del TLC

El sólo hecho de que Daniel Ortega se oponga al Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominica con Estados Unidos (DR-Cafta), indica que es necesario y sería beneficioso para Nicaragua.

¿Acaso Daniel Ortega no ha sido el peor enemigo de la economía nacional (y de la democracia, la libertad, la economía de mercado, el desarrollo y la prosperidad individual y social de los nicaragüenses), en toda la historia nacional, como lo demostró trágicamente durante el régimen sandinista que él lideró?

No ha pasado tanto tiempo como para olvidar que el régimen sandinista de Daniel Ortega proclamó que su objetivo no era desarrollar el país ni crear riqueza para que la gente pudiera vivir mejor, sino repartir la pobreza e igualar a todos los nicaragüenses en la miseria. A todos menos a él y a la nomenclatura sandinista, cuyos miembros —con honrosas excepciones de algunos que ahora siguen siendo sandinistas pero anti-orteguistas—, se enriquecieron de manera escandalosa al amparo de un “poder revolucionario de orientación socialista”.

Los argumentos de Ortega contra el DR-Cafta son rudimentarios, inclusive tontos. “¿Podrán competir nuestras costureras, con la ropa que hacen las textileras yanquis?”, se preguntó el líder del FSLN, el domingo pasado en Chinandega, y él mismo se respondió que no. Por supuesto que ni él mismo cree lo que dice. Esto es para engañar a gente inocente y hacerle creer que el DR-Cafta es para poner a competir a las costureras y los carpinteros nicaragüenses con la gran industria textil y del mueble de Estados Unidos. Lo cual es absolutamente falso.

En realidad, el Tratado de Libre Comercio es para que los productos de Nicaragua y demás países del área, que no se producen en Estados Unidos, entren libremente al inmenso y rico mercado estadounidense, el cual tiene el cielo como techo o sea que es ilimitado como dijo un nicaragüense que vende allá quesos criollos, en un reportaje que publicó LA PRENSA el 13 de abril pasado. Y en el caso de los productos nicaragüenses que deban competir con productos iguales de Estados Unidos y otros países, la clave del éxito será que los nuestros sean más competitivos en precio y calidad.

La izquierda retrógrada que representa Daniel Ortega quiere que el país viva eternamente en el atraso y que la población nicaragüense esté sumida siempre en la miseria, pues de otra manera: ¿a quién emocionaría su discurso “pobrecista” y sus maldiciones contra los “ricos malos” (puesto que él es de los “ricos buenos”)?

Por medio del Tratado de Libre Comercio, Centroamérica en general y Nicaragua en particular dejarán de ser vistas sólo como una zona atrasada y pobre, y se podrá considerar su gran potencial para el crecimiento económico, la creación de riqueza, la promoción del desarrollo y la prosperidad de sus habitantes. Al respecto, la semana pasada el ex senador estadounidense Bob Graham y el ex jefe de despacho del presidente Bill Clinton y enviado especial de éste para las Américas, Mack McLarty, escribieron juntos y publicaron un artículo en el que advierten lo siguiente:

“Olvídense de América Central como economías subdesarrolladas de mano de obra barata. Las naciones del DR-Cafta son economías emergentes construidas sobre los principios de acceso al mercado, inversiones en tecnología y políticas comerciales liberales. Las empresas norteamericanas que ya están haciendo negocios en la región de DR-Cafta incluyen a Intel, Cargill, Proctor & Gamble, Wewlett-Packard, UPS y Pfizer”.

Por su parte, el Vicepresidente de Nicaragua, doctor José Rizo Castellón, hace ver en un artículo de opinión que publicamos en esta misma edición, que las oportunidades que abre para los centroamericanos el TLC con Estados Unidos son mucho más prometedoras debido a que los países suramericanos han decidido abrirse comercialmente más hacia Europa y desdeñar al mercado estadounidense.

En todo caso, como recuerdan los antes mencionados Graham y McLarty, “ninguna nación ha podido tener un crecimiento económico sostenido sin un comercio enérgico”. De manera que las posibilidades del DR-Cafta serían sólo las de ganar, prácticamente, tanto para Estados Unidos como para Centroamérica y República Dominicana.

¿Se va a desperdiciar esa gran oportunidad sólo porque no le conviene a algunos opulentos azucareros y sindicalistas corruptos de Estados Unidos? ¿O por la oposición de políticos de la izquierda anacrónica de Centroamérica, como Daniel Ortega?

Editorial
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