Hebe

Luis Sánchez S.

En la columna de la semana pasada mencioné que antes de que Ganímedes fuese designado por Zeus como copero del Olimpo —es decir, encargado de llenar y rellenar las copas de los dioses con el delicioso néctar divino que causaba la euforia y daba vida eterna—, esta función le correspondía a Hebe, la diosa de la juventud a la que los romanos llamaban Iuventus.

Hebe era hija de Zeus y de su esposa Hera. Por lo tanto, Hebe era hermana —mayor— de Ares (Marte) el dios de la guerra, a quien cuando era todavía un niño lo cuidaba, bañaba y vestía.

Hebe era incomparablemente bella, como casi todas las diosas. Al llegar a la edad núbil, fue proclamada por su padre, Zeus, como diosa de la juventud. Y para que animara con su deslumbrante belleza los frecuentes banquetes del Olimpo, la encargó de mantener siempre rebosantes de néctar las copas de los dioses.

Pero en una ocasión en que Hebe cumplía su habitual tarea, resbaló y cayó aparatosamente al suelo, en una forma muy comprometedora para su recato virginal, mostrando a los presentes sus partes íntimas. A Zeus le molestó tanto este incidente que decidió quitarle a Hebe el cargo que desempeñaba hasta entonces, y se lo dio al recién llegado Ganímedes.

En realidad, es fácil deducir que Zeus tomó como pretexto el resbalón y la penosa caída de su hija Hebe —y quién sabe si hasta fue provocado el incidente— para despojarla de su función y dársela al mancebo Ganímedes, a quien el jefe de los dioses había llevado al Olimpo como su amante erógeno.

Sin embargo, al quedar Hebe sin desempeñar ninguna función en el Olimpo, Hera, su madre, la encargó de mantener en forma a sus caballos y engancharlos a su carroza celestial cada vez que ella tuviera que viajar.

Al respecto algunos mitólogos se preguntan cuál sería realmente el problema de Hebe, a quien siempre le asignaban tareas secundarias, propias de una divinidad secundaria o de menor rango pero indignas de una princesa celestial, de la hija de los principales dioses del Olimpo como eran Zeus y su esposa Hera. O sea, oficios corrientes como cuidar a Ares cuando éste era un bebé, llenar las copas de los dioses durante los banquetes olímpicos y cuidar los caballos y la carroza de su madre Hera, tarea que desempeñó hasta casarse con Heracles (Hércules).

Ciertamente, después de que Heracles fue divinizado al morir, convertido en inmortal y conducido por lo tanto al Olimpo, Hera le dio a Hebe por esposa. Y éste es otro aspecto del mito de Hebe y del de Heracles o Hércules que no está claro para los mitólogos: ¿Por qué Hera entrega su hija a Heracles, como esposa, siendo que lo odiaba mortalmente?

Como lo dije en una columna sobre Heracles, este era hijo de Zeus pero no de Hera, a pesar de que su nombre se deriva del de ella: Hera>Heracles. Pero Hera odiaba mortalmente a Heracles porque era hijo de Alcmena, de cuyas delicias amatorias Zeus se habría jactado públicamente. Por eso fue que, cuando Heracles tenía apenas ocho meses de edad, Hera puso en su cuna dos enormes serpientes para que lo devoraran, pero el bebé las mató con sus propias manos. Ésta fue la primera de las grandes hazañas del héroe.

Probablemente después de la apoteosis (divinización) de Heracles, Hera se reconcilió con él y quiso distinguirlo dándole a su bella hija como esposa, con lo cual ésta también se liberó de sus ordinarias faenas. ¿Quién sabe?

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