Carlos Urbina Mendoza
En Nicaragua es normal encontrar en los organismos del Estado puestos claves para el desarrollo del país que son ocupados por personas que no reúnen los requisitos mínimos (experiencia, estudios académicos, integridad). Es normal para los políticos y gobernantes considerar que para ocupar estos cargos basta con que sea recomendado por el hombre del partido (o alguno de sus allegados) o por su esposa o en el peor de los casos porque trabaja en las campañas para el partido.
Es así que los ciudadanos que pagamos con nuestros impuestos los salarios de estos “funcionarios” nos encontramos con burócratas que en lugar de servirnos son ellos los que sirven, resultando que en lugar de avanzar hacia un desarrollo integral retrocedemos hacia la completa ignorancia (ésta a fin de cuentas es el suplemento vitamínico de los politiqueros de este país) por falta de escuelas elevándose los niveles de mortalidad (bajando la cantidad de años de esperanza de vida) por falta de medicinas y de adecuadas condiciones hospitalarias.
Muchos inversionistas nacionales y extranjeros se han quejado de la lentitud (y de las mordidas) con que se hacen los trámites en los diferentes ministerios. Si hay alguna duda acerca de la eficiencia de los burócratas que se engordan con las miserias de este pueblo recuérdese los fallos judiciales que han estremecido la justicia nicaragüense y que nos han hecho a los nicaragüenses merecedores de un lugar destacado en cuanto a corrupción, si todavía tiene alguna duda visite las diferentes regiones del país en las que hasta hace pocos años existían frondosos bosques y hoy no son más que cerros o llanos pelados, hay algunas ramas de la economía que dejan jugosas ganancias solamente a las transnacionales debido a los deficientes controles que se ejercen de los organismos que deben hacerlo.
Mientras los nicaragüenses no denunciemos y reclamemos el derecho a tener instituciones y funcionarios que respondan a los intereses del desarrollo del país (y no como se hace actualmente, que responden únicamente a los intereses personales o políticos de las cúpulas del PLC y del FSLN) seguiremos retrocediendo, viviendo en un país que sacrifica su futuro por el bienestar de los politiqueros.