Erwin A. Aguilar*
La posteridad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus múltiples aplicaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales que conduce a generalizar la instrucción y a beneficiar en provecho común todos los talentos útiles y fecundos brotados en el seno una nación (Ramón y Cajal).
La ciencia se crea, pero nunca está creada. El avance continuo de los conocimientos científicos ha conducido a las diferentes especialidades y delante de nosotros está siempre el infinito. Es imposible que un ser humano logre dominar todos los campos del saber. De ahí que los congresos científicos vienen a ser los forjadores de la continuidad y el avance profesional.
Asistiendo a los congresos científicos, al menos una vez por año, ayuda al profesional a madurar en el campo de su especialidad. No es circunstancial que las universidades norteamericanas le llamen a la función del fin de año o de distribución de diplomas “commencement”, que no es más que el inicio, el principio, el comienzo de la etapa del aprendizaje. Cuando nos graduamos de la universidad es cuando iniciamos esa etapa. Los congresos científicos son la continuidad de la universidad. Es el lugar donde se consolidan los conocimientos adquiridos y se aprenden otros nuevos. Ahí nos enfrentamos al mundo de la evolución científica por medio del encuentro y reto personal con otros colegas y los temas expuestos. Es una prueba de fuego y nos damos cuenta que entre más aprendemos más nos enteramos de lo poco que sabemos. Hay mucho terreno por arar. Es un camino interminable.
Los congresos científicos, nacionales o internacionales, presentan oportunidades que de otra forma no son posibles. El contacto personal con profesionales de otros países y con mayor experiencia en un determinado campo, el contacto social con colegas de diferentes especialidades, el encuentro inesperado con un investigador experimentado, producen resultados invaluables que, sin lugar a dudas, van a beneficiar al individuo y a la institución que hace posible la asistencia de los profesionales a los congresos científicos.
Obviamente, para poder asistir a un congreso hay gastos inevitables. Pero el costo económico de la asistencia y participación en un congreso científico, es, simplemente, secundario, cuando se toman en cuenta los beneficios que se obtienen. Es más caro no tenerlos.
Los gastos deben ser considerados como una inversión en el capital humano de cualquier institución estatal, privada o académica, como parte de los beneficios por el trabajo de sus profesionales. Esta actitud positiva es digna de reconocimiento, a pesar de las posiciones negativas que consideran la asistencia a un congreso como un acto social, lo cual está muy lejos de la realidad.
En los congresos científicos hay momentos que invitan a mejorar las relaciones humanas y se aprovechan para discutir asuntos importantes, se toman grandes decisiones, se evitan conflictos, se resuelven problemas y se logran los mejores proyectos de colaboración, que al final bien podemos decir como Enrique IV de Navarra cuando renunció al protestantismo convirtiéndose al catolicismo para poder ser coronado Rey de Francia: “París bien vale una misa”.
Exigirle a los profesionales que tengan que hacer una presentación científica para poder asistir a un congreso, que aunque aceptable, recomendable y muy necesaria, no es del todo justificable, porque al congreso se asiste, principalmente, para aprender y luego, con la instrucción que recibe el asistente éste puede crecer y, quizás, alcanzar crédito mundial y convertirse él, la institución y al país en el centro de esa especialidad.
La experiencia en el II Congreso Nacional de Biotecnología, patrocinado por la Universidad Centroamericana (UCA) y la Fundación PEW de los USA, celebrado en junio del 2004 en Managua, fue una pequeña muestra de la capacidad científica de los nicaragüenses. El intercambio de conocimientos y la numerosa participación nacional, unida a la participación internacional, demostraron al mundo que Nicaragua tiene un capital humano extraordinario que hay que cultivarlo y protegerlo.
Asistir y participar en los congresos científicos nacionales o internacionales debe ser parte integral de la formación y la continua labor del profesional porque devuelve beneficios incalculables a la nación.
* El autor es Director de Investigación Clínica, Louisiana State University y Profesor Clínico Asociado de Salud Pública, Tulane University/ Nueva Orleáns, Louisiana, marzo del 2005.