En algunos periódicos europeos se comentó que por lo menos debió ser incómodo para el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tener que rendir tributo a los símbolos del comunismo soviético —incluyendo la efigie del genocida Stalin— en las ceremonias conmemorativas del 60 aniversario del fin de la II Guerra Mundial, que se celebró el recién pasado lunes 9 de enero en la Plaza Roja de Moscú, bajo la presidencia del líder ruso Vladímir Putin.
Inclusive, la agencia de prensa norteamericana AP informó que “fue una imagen inusual: el Presidente estadounidense, George W. Bush, sentado en un sitio de honor en la Plaza Roja de Moscú, pasando revista a soldados que marchaban a paso de ganso y entre estandartes y banderas que glorificaban el comunismo y el régimen soviético”.
En realidad, a mucha gente democrática le dejó un mal sabor la manipulación comunista que se hizo de la celebración rusa e internacional del 60 aniversario de la victoria aliada sobre la Alemania nazi, pues la percepción que quedó fue que la humanidad debe estar agradecida al comunismo y, peor aún, al estalinismo, porque supuestamente liberó del totalitarismo nazi-fascista a Europa, América y al mundo entero.
No cabe ninguna duda de que fue necesario que Estados Unidos y los países democráticos de Europa se aliaran con la Unión Soviética para luchar contra la Alemania nazi. Pero al ser ésta derrotada, Stalin y los comunistas soviéticos reafirmaron su dominación sobre los pueblos de la antigua URSS, mientras que en otros países de Europa y Asia sustituyeron el totalitarismo nazi-fascista con la esclavitud comunista. Tuvo que transcurrir casi medio siglo después del fin de la II Guerra Mundial, y muchos millones más de personas murieron en los campos de concentración y como consecuencia de la represión y las hambrunas comunistas, hasta que a fines de 1989 los pueblos de Europa Oriental pudieron por fin alcanzar la libertad.
Por eso, seguramente, fue que los líderes de países que formaron parte de la URSS o que fueron sus satélites pero ahora viven en libertad y democracia, no participaron en la celebración moscovita del 9 de mayo recién pasado, porque ellos no tenían allí nada que celebrar. Y seguramente por eso mismo fue que el presidente George W. Bush realzó más la visita que hizo, en esos mismos días, a Letonia, la república del mar Báltico que por muchos años estuvo sometida al colonialismo comunista ruso y ahora es un ejemplar Estado democrático, y a Georgia, que también formó parte de la URSS y tras la disolución de ésta siguió dominada por el autoritarismo pro comunista, hasta que conquistó recientemente la libertad efectiva, igual que Ucrania y Kirguistán .
En realidad, los festejos del 60 aniversario del fin de la II Guerra Mundial y las conveniencias políticas de las grandes potencias no pueden borrar la dolorosa historia de sufrimiento de los pueblos que soportaron primero el totalitarismo nazi-fascista y después la esclavitud comunista.
Además, como lo han recordado en estos días algunos historiadores, la Unión Soviética de Stalin ayudó a Hitler mediante el tratado Molotov-Von Ribentrop de 1939. De acuerdo con este tratado, la URSS estalinista y la Alemania hitleriana se repartieron territorios de otros países en Europa Oriental, y Stalin dio carta blanca a Hitler para que invadiera a sus países vecinos. Fue sólo por la traición de Hitler a Stalin, al atacar a la Unión Soviética el 22 de junio de 1942, que se puso fin al entendimiento entre los dos sistemas políticos más criminales de la historia. Y eso fue lo que obligó al déspota comunista soviético a buscar la alianza con el Occidente democrático, que culminó con la victoria común del 9 de mayo de 1945.
En realidad, es lógico, justo y merecido que Rusia recuerde y rinda homenaje a sus 20 millones de ciudadanos que cayeron en la lucha contra el nazismo. Pero, como dijo la señora Vaira Vike-Freibergala, presidenta de Letonia (país báltico que fue engullido por la Unión Soviética gracias al pacto de Stalin con Hitler), “ya es hora de que Rusia encuentre el valor para diferenciar entre sus héroes y sus tiranos, para poder condenar los crímenes que cometió la Unión Soviética en nombre del comunismo”.