La anulación de las visas de entrada a Estados Unidos, a dirigentes —y algunos de sus familiares— de los partidos FSLN y PLC, es lo menos que ha podido hacer el Gobierno norteamericano en solidaridad con el pueblo de Nicaragua, que sufre con impotencia y estoicismo bajo el autoritarismo y la corrupción liberosandinista.
En realidad, si es cierto lo que proclamó el presidente George W. Bush en su segundo discurso inaugural, el 20 de enero de este año , de que la política exterior de EE.UU. se orienta alentar y apoyar “el crecimiento de las instituciones democráticas en cada nación y cultura”, entonces es correcto y necesario que declare non gratos a aquellos políticos autoritarios y corruptos, como los de Nicaragua, que están tratando de imponer aquí una nueva dictadura .
Como ocurre siempre en estos casos, los afectados por la decisión del Gobierno de Estados Unidos de anularles las visas de entrada a ese país, la califican como una “injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua” y claman “en defensa de la soberanía nacional”, que según ellos está siendo atropellada por el Gobierno norteamericano. Incluso prominentes periodistas nicaragüenses —que por cierto formaron parte del aparato de información y propaganda del régimen sandinista, cuando éste censuraba y agredía a LA PRENSA, suprimió violentamente a Diario El Pueblo y clausuró decenas de noticieros independientes de radio y televisión—, se han pronunciado contra la disposición soberana de Estados Unidos de no permitir el ingreso a su territorio a personas que de acuerdo con sus propias leyes no considera gratas ni dignas de entrar en él.
Siempre los políticos despóticos, autoritarios y corruptos, tratan de ampararse con el principio de no intervención extranjera para cometer impunemente sus fechorías. Como ha escrito el eminente filósofo francés contemporáneo (antiguo comunista de la línea maoísta y ahora solvente demócrata liberal), André Glucksmann, en uno de sus libros más recientes (Occidente contra Occidente): “El derecho de los pueblos a la independencia se ha convertido con demasiado frecuencia en el derecho de los asesinos a matar con toda libertad”.
Glucksmann se refiere explícitamente a los derrocados regímenes criminales del Talibán en Afganistán y de Saddam Hussein en Irak; a las satrapías del mundo árabe; a las tiranías comunistas de Fidel Castro en Cuba y de Kim Zon Il en Corea del Norte, etc. Pero a lo dicho expresamente por el filósofo francés, es preciso agregar que también se amparan en el derecho de no intervención otros políticos que sin llegar —todavía— a los extremos perversos de los regímenes antes mencionados, sin embargo cometen el gravísimo crimen de pervertir las instituciones democráticas, de robarse los recursos nacionales de sus pueblos empobrecidos, y d e imponer virtualmente una dictadura bipartidista al amparo de reformas seudo parlamentaristas.
Por otro lado, es obvio que no es sólo en solidaridad con Nicaragua y por los principios democráticos de la política internacional de Estados Unidos, que el gobierno del presidente Bush está cancelando las visas a algunos prominentes políticos nicaragüenses. En este caso el Gobierno de Estados Unidos está presionando sobre todo a los políticos del PLC, para que desistan de aprobar con los sandinistas una nueva ley de la propiedad que perjudicaría a numerosos ciudadanos norteamericanos, a quienes se les pretende negar el derecho de reclamar la devolución o indemnización de las propiedades que les fueron usurpadas. Y además, ideólogos y defensores del pacto liberosandinista han proclamado que el pacto del FSLN con el PLC es una “alianza antioligárquica y contra el imperialismo estadounidense”, mientras que el líder de esta alianza, Daniel Ortega, asegura que van a adherir Nicaragua al eje contra Estados Unidos que han creado la Cuba castrista y la Venezuela chavista.
Un diputado nicaragüense independiente aseguró que a los políticos que les están anulando las visas de Estados Unidos en realidad esto no les importa, pues la única “visa” que les interesa es la de Credomatic (es decir, el dinero). Puede ser cierto eso. Pero no se puede negar que la cancelación de las visas de entrada a Estados Unidos es una presión muy fuerte y significativa que los líderes del PLC no deberían menospreciar.