Rosendo Díaz Bendaña
Ha sido notorio como ha “reflorecido” el INSS bajo una administración honesta, libre de los parásitos políticos que casi la desmantelan. Pero ahora que se encuentra “medio saneada” vuelve el espectro que pretende volver a comerse el “pastel de rica miel”.
Con pocos años de una bien intencionada y correcta administración, el INSS cuenta con millonarias reservas de córdobas y comienza a expandir sus beneficios a sus asegurados.
Todo lo anterior, a pesar de una todavía monstruosa deuda pendiente, que por desgracia es el mismo Estado el principal moroso y difícil de cobrar.
El devastador saqueo que por décadas se le ha permitido efectuar “impunemente” a los políticos, sin sanción alguna, a vista y paciencia de moros y cristianos, demuestra lo productivo y lucrativo del sistema y de los grandes servicios que pudiese brindar a sus afiliados, con una sola administración honesta; algo muy difícil de lograr en este país que está lleno de parásitos y delincuentes que “se chupan” el erario impunemente.
¿Quiénes son los responsables de tanta barbarie contra el INSS? La respuesta es sencilla: todos nosotros, sin excepción alguna. Unos por autores y otros por consentidores. Tanto la patronal como la laboral han sido partícipes y encubridores de todos los delitos cometidos contra el seguro social con su silencio cómplice que ha sido responsable de cientos de muertos por falta de atención adecuada, por falta de fondos “birlados” al Seguro Social, que se podría calificar como genocidio.
A pesar de todo lo sucedido ya se prepara y planea el nuevo saqueo de INSS, mediante una ley de orden político que no establece sanciones duras contra los que atentan contra el tesoro del INSS; por lo que ya se anticipa una nueva “molotera y merienda de negro” contra los ahorros del pueblo de Nicaragua.
¿Hasta cuándo seguiremos callando y, con nuestra pasiva actitud, aprobando todos los desmanes que a diario se cometen en este país?
Si dejáramos de robar y se castigara a los delincuentes profesionales de este país no tendríamos que mendigar sinvergüenzamente la eterna ayuda externa de otros países para poder subsistir.