Marlon José Navarrete Espinoza
En medio de tantos problemas que enfrenta nuestra sociedad existe uno muy particular que pasa aún muy inadvertido, pero no por eso menos amenazante o peligroso. Se trata de los juegos de vídeo, dibujos animados e Internet que usan los niños.
Estos medios de comunicación avanzados de acuerdo a los tiempos modernos, en donde debemos caminar al paso de la tecnología para no quedar sumergidos en el atraso, representan una creciente deformación educativa en los niños y jóvenes adolescentes por el elevado contenido de violencia, morbosidad y entusiasmo por la destrucción y la muerte sin piedad. Estos son simples juegos pero a su vez y por su gran atracción y novedad entre la niñez, educan de una forma equivocada, pues los niños y jóvenes que ven y usan esos medios hoy, serán los adultos violentos del mañana.
En consecuencia, tendremos una sociedad cada vez más violenta y sanguinaria, despiadada y mortal para resolver sus asuntos y, si no, miremos cómo muchos niños de hoy hablan de sexo con mucha vulgaridad, de violencia con mucho entusiasmo y no tienen respeto por nadie ni por nada, se comportan muy mal en la escuela y en otras partes y no tienen noción de la decencia ni de los buenos modales. Los padres son en parte muy culpables de esto al no corregirlos y no echar a andar su autoridad, pero a la vez se ven limitados pues el tiempo que deberían de dedicar a cuidar a sus hijos lo tiene que pasar trabajando y es ahí, en ese vacío, que se engendra esta amenaza para el futuro.
Este problema lo está padeciendo todo el mundo civilizado exactamente de la misma forma y es poco lo que los gobiernos pueden hacer porque es también un asunto de mercado en donde las compañías sólo ven sus ganancias y se olvidan que tienen límites de la moral al vender sus productos, sobre todo si sus clientes son niños y jóvenes. En Nicaragua, desde cuando fue Ministro de Educación el doctor Humberto Belli, no se ha visto a otro ministro que se preocupe del tema y haga algo al respecto o tome alguna medida en particular para atacar el problema y sentar las bases de una educación más eficiente e integral, que sea formadora y no deformadora.
El tema no es sólo de un ministro, debe ser política de gobierno en alianza con padres de familia y empresas para buscar cómo controlar este mal que podría ser irreversible en un tiempo cercano y de nada valdrán entonces las quejas y los lamentos. Si somos indiferentes y con eso sembramos el desenfreno así como el aprecio por la violencia, es violencia lo que vamos a cultivar.
El autor es ingeniero.