Douglas Carcache
El Gobierno y los legisladores de El Salvador se pusieron de acuerdo la semana pasada y aprobaron una ley para otorgar cédulas de identidad a los ciudadanos de ese país que viven en el exterior, algo que en Nicaragua ha sido motivo de disputa por años y ha confrontado al Poder Ejecutivo con el Poder Electoral porque éste le ha puesto trabas al asunto.
Nicaragua y El Salvador son países que sufrieron guerras internas durante los años ochenta y salieron de los conflictos casi al mismo tiempo, al comenzar la década de los noventa pero, 15 años después, las diferencias económicas entre ambos son grandes, con ventajas para la nación salvadoreña que es más pequeña que la nicaragüense en territorio, pero más poblada.
Igual que Nicaragua, El Salvador tiene un alto índice de emigración y su economía depende en parte de las remesas familiares que llegan de Estados Unidos. La diferencia en esto es que las autoridades salvadoreñas han estimulado la inversión de sus migrantes y hace rato crearon una oficina gubernamental dedicada a los asuntos de quienes viven en el exterior.
Nicaragua recibió el año pasado cerca de 1,000 millones de dólares en remesas del exterior, pero a El Salvador llegaron 2,500 millones de dólares, la mayor cifra en remesas familiares recibida en la historia de ese país. En Estados Unidos hay dos millones de salvadoreños, el doble de la comunidad nicaragüense en la nación norteamericana, aunque Nicaragua también tiene medio millón o más ciudadanos viviendo en Costa Rica.
Al margen de que la población de El Salvador sea de 6.8 millones de personas y la de Nicaragua de 5.4, lo ejemplar de los salvadoreños es que fueron los primeros en Centroamérica en crear una red de cooperativas para trasladar sus remesas a costos más bajos; y los migrantes originarios de un mismo poblado empezaron a juntar esfuerzos en el exterior para invertir en obras comunitarias en los lugares donde nacieron, ya fuera un parque, una escuela o un pozo.
Aparte, de manera individual, han hecho pequeñas empresas, y antes de que los gobiernos del istmo discutieran el tratado de libre comercio (Cafta) con Estados Unidos, los salvadoreños ya estaban vendiendo queso y pupusas en Washington y Los Ángeles. Entonces, cuando los árbitros del mercado hagan el disparo de salida de la carrera del comercio libre, los salvadoreños tendrán un pie adelante.
Cuando los diputados salvadoreños aprobaron la entrega del Documento Único de Identidad (DUI) para sus compatriotas en el exterior, señalaron que un propósito es evitarles dificultades cuando hagan trámites en su país de origen, durante sus visitas.
Lo mismo han pedido los nicaragüenses en el exterior, que les den la cédula de identidad a través de los consulados, para hacer transacciones bancarias y otras gestiones en Nicaragua, cuando vengan por vacaciones o negocios. ¿Qué cuesta? Que los políticos locales se percaten de que los migrantes tienen derechos como ciudadanos nicaragüenses y que la economía del país también camina por ellos.