Alberto L. Alemán Aguirre
Es curioso: la elección de un nuevo Secretario General de la OEA debe poner fin a siete meses de acefalía, a la casi constante falta de brújula ante los problemas hemisféricos, cambiar la imagen de irrelevancia y enfrentar duros desafíos presupuestarios. Pero a pesar de los amplios respaldos de los que habla la prensa, ya aparecen signos de que José Miguel Insulza podría hallar serios tropiezos en su gestión.
La escogencia del chileno ha producido de inmediato la inconformidad en dos naciones sudamericanas, vecinas de Chile. Y tener el respaldo de tan heterogéneas partes, como EE.UU. y Venezuela, podría más bien traer problemas en el futuro y abre interrogantes sobre su efectividad.
Perú hizo manifiesto su malestar al votar en blanco durante la sesión de la OEA. Ha iniciado una pequeña crisis bilateral. Lima no puede perdonarle a Chile que vendiese armas a Ecuador durante su última guerra en 1995 —asegura la versión peruana—, aún bajo su condición de garante lo cual le obligaba a la neutralidad. ¿Quién era entonces el canciller chileno? Nadie menos que Insulza.
Bolivia mantiene su histórico reclamo de recuperar una salida soberana al mar, perdida hace cien años en la Guerra del Pacífico que la enfrentó, junto a Perú, contra Chile. De todos modos, La Paz habría votado contra cualquier candidato chileno. Respecto al nuevo jefe del organismo, le achaca que mientras era Ministro de Exteriores, rechazaba discutir el diferendo limítrofe en el foro. Hasta hoy, Chile no permite que el tema salga del ámbito bilateral.
Insulza nunca fue, hasta el viernes pasado, el candidato de Washington. Sin embargo terminó teniendo el apoyo de Estados Unidos tras una intensa negociación diplomática en Santiago que involucró a la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, al presidente chileno Ricardo Lagos, a Insulza mismo, al canciller mexicano Luis Ernesto Derbez y a otros ministros.
Los analistas señalan que debió haber dos factores importantes en el cambio de postura de EE.UU. O su candidato —el canciller Derbez— iba a perder según sondeos previos, o no iba a conseguir una clara victoria. De haber perdido, habría sido la primera vez en más de medio siglo de la OEA que el postulante respaldado por Washington no gana.
El apoyo de EE.UU. no hizo prosperar la candidatura de Francisco Flores, el ex presidente salvadoreño; y tampoco logró inclinar la balanza a favor de Derbez.
¿Qué pasa? Se podría suponer dos cosas. Una, que el hegemonismo de EE.UU. ha sido minado por la consolidación de políticas más independientes latinoamericanas.
La otra es que queda en evidencia de que la OEA no es una prioridad para la superpotencia. La ONU, la OEA y otros organismos internacionales son solamente instrumentos de la diplomacia estadounidense que pueden servir a sus propósitos. No lo digo yo, sino Robert Kagan, uno de los más brillantes e influyentes ideólogos neoconservadores, en un artículo sobre los unilateralistas y los multilateralistas en su país.
Las prioridades de EE.UU. están en otras partes; no existen amenazas estratégicas en el hemisferio occidental como lo fue la Unión Soviética en la era bipolar; y China, aún debe recorrer un largo camino para convertirse en superpotencia.
Sería absolutamente impensable que EE.UU. no tuviera la última palabra o una participación decisiva en la designación de los jefes del Banco Mundial, la OMC, el FMI o la misma ONU.
Sin embargo, el Subsecretario de Estado, Roger Noriega, dio a entender que su país tuvo una parte importante en la renuncia de Derbez y que el cambio de postura de la secretaria Rice decidió la suerte del mexicano.
“ Hay que enfatizar que somos el único país que podría producir ese resultado positivo en favor de la unidad en las Américas”, dijo Noriega, quien destacó además el consenso continental en cuanto a gobierno democrático, derechos humanos y fortalecimiento de las instituciones.
En declaraciones recientes, Insulza manifestó su intención de “promover un progreso importante en materia de democracia y derechos humanos” en las Américas, incluso en Cuba. ¿Pago a cambio del apoyo? Probable.
Esas palabras provocaron la ira cubana. El miércoles, el dictador Fidel Castro llamó a Insulza “bobito” y “testaferro del imperio”, entre otros insultos.
Por su parte, el admirador y discípulo de Castro, el autoritario presidente venezolano Hugo Chávez —quien desde el principio apoyó a Insulza—, dijo estar “contento”.
Chávez destacó las declaraciones del chileno, quien manifestó que no era partidario de las intervenciones de la OEA “ni rápidas ni lentas”, sino más bien de mediaciones. Así, como lo ha querido Chávez, la organización no se entrometería en la consolidación de su propio poder en Venezuela. Aunque, tras las palabras de Castro, quizás varíe su opinión.
El nuevo Secretario General podría tratar de complacer a muchos con intereses muy distintos. Muy propio de los políticos. ¿Pero asegurará eso eficaces respuestas a los álgidos problemas del continente? Respiremos hondo y esperemos a ver los primeros pasos del señor Insulza.