Cementerio de las llantas inservibles

Dina Medrano de Díaz

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Cementerio de las llantas inservibles


Dina Medrano de Díaz




Viajando hacia el norte del país, con el deseo de olvidar los días de desorden, quema de buses, llantas, morterazos y bombas lacrimógenas, luego de cruzar el empalme de San Benito, inicia el cementerio de las llantas inservibles y la basura de plástico, un cuadro sumamente desagradable que “adorna” los arbustos secos de la carretera, hasta más allá de Las Maderas. Suficiente distancia y tiempo para angustiarse por los efectos de la irresponsabilidad de quienes degradan cotidianamente la naturaleza.

Más allá, cerca de Las Playitas, anima ver las garzas, los flamencos y aves de corral artesanalmente imitados en madera, como obras de arte ofertados a los turistas y transeúntes, lo que demuestra la creatividad y lucha por la vida de sus autores. Desgraciadamente, junto a esto vemos el triste espectáculo del mercado de la fauna local: chocoyos, lapas, ardillas, entregadas al mejor postor, aumentando el cementerio de plástico, al privar a la naturaleza de las criaturas de Dios. El viento arrastra los miles de desechos plásticos lanzados desde los buses del transporte interurbano, que quedan prendidos de las ramas, permitiendo que nuestro país sea el único del mundo donde las plantas pareciera que producen, en vez de hojas, desechos de plástico.

Ahora que en el mundo entero la conciencia medioambientalista está ganando la batalla contra los depredadores, pareciera que en Nicaragua hacemos lo contrario. Un desecho de plástico tarda en destruirse más de cien años, dicen los entendidos en temas de degradación y de ecología (la búsqueda del equilibrio entre la naturaleza y el hombre).

¿Por qué están depositando esos despojos en ese tramo de una de las rutas de transporte más importantes de nuestro país, donde se está desarrollando una alternativa de turismo ecológico? ¿Es sólo casualidad o indolencia de las autoridades (Intur, Educación, Medio Ambiente, Transporte, Alcaldías, etc.)? ¿A qué se debe tanta cochinada? (pues no se puede definir de otra forma esa situación).

El verano es una de las épocas más dramáticas en Nicaragua. Hay siempre escasez, hambre, desplazamientos sociales de campesinos sin trabajo que van quedando, a la buena de Dios y a la mala del hombre, desparramados a las orillas de las carreteras, como intentando con esa decisión cambiar sus condiciones de vida, deviniendo en una suerte de desechos plásticos agitados por la naturaleza y, demasiadas veces, por la politiquería de dirigentes demagógicos que los lanzan a la confrontación irracional y sin destino.

¿Cómo transformar esta dramática situación? Tal vez si los dirigentes de la UNEN, esos expertos en quemar llantas, se dieran a la tarea de recogerlas y buscarles un mejor destino que la “incineración revolucionaria” darían una extraordinaria contribución al pueblo nicaragüense que, de más está decirlo, se los agradecería por siempre, como les agradecería no continuar dejándose manipular por oscuros intereses partidarios que pretenden dañarnos a todos por igual; pues cada acción de este tipo ahuyenta desde la cooperación que generosamente nos ofrecen diversos gobiernos del mundo, hasta la inversión extranjera directa, necesaria para la generación de nuevos empleos, de más oportunidades de trabajo y, en fin, de crear posibilidades reales de cambiar Nicaragua.

La autora es gradua en Dirección Estratégica de Empresas de Turismo.

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