Luis Sánchez Sancho
La ciudad española de Segovia, Patrimonio de la Humanidad, es famosa ante todo por las impresionantes ruinas —por cierto muy bien conservadas— de su antiguo acueducto romano, el cual fue construido entre el siglo I antes de Cristo y el II de nuestra era. Pero Segovia se enorgullece también de hechos históricos propiamente españoles, como el de que en su Plaza Mayor se coronó la gran reina de Castilla, Isabel la Católica; y que una de las cuatro bodas de Felipe II se efectuó en el Patio de Armas del Alcázar segoviano.
Además Segovia se ufana de su magnífica Catedral, la que se yergue imponente en la Plaza Mayor y está consagrada a La Asunción de María al Cielo, y a San Frutos, el patrón de la ciudad. Esta Catedral de estilo románico se comenzó a construir en el año 1525 —después que la original Catedral de Santa María fuera destruida en 1521, durante la Guerra de las Comunidades— y se concluyó y bendijo en 1768.
La Catedral de Segovia tiene ahora una doble función (templo religioso y museo) y en su interior se exhibe —entre muchos otros tesoros artísticos— una pintura impresionante. Se trata de La Caridad Romana, de Luis Monroy (pintor español de mediados del siglo 19 y comienzos del siglo XX), en la que se aprecia a una joven y bella mujer mostrando uno de sus hermosos senos, amamantando a un anciano.
Monroy tomó su idea de La Caridad Romana de un cuadro de Michelangelo Caravaggio (1537-1609), el famoso pintor italiano cuyo verdadero apellido era Merisi. En efecto, Caravaggio pintó en 1606 para una iglesia de Nápoles llamada Monte Pio de la Misericordia, el cuadro Siete Obras de la Misericordia, en el que se ve a la derecha a una hermosa mujer joven amamantando a un anciano (su padre, quien se encuentra en la cárcel), como alegoría de la Caridad Romana.
Y es que los antiguos romanos concedían mucha importancia al culto a la Caridad (Caristias > favor, gratitud), en cuyo honor celebraban durante el mes de febrero tres días de fiestas en las que se reunían las familias y no se permitía participar a ninguna persona fuera de ellas. El 18 de febrero ofrecían sacrificios de gratitud a los dioses por los bienes recibidos durante el año; el 19 veneraban la memoria de los familiares fallecidos; y el 20 todos los miembros de la familia se reunían alrededor de un banquete o la comida que les permitiera su condición social y situación económica.
En el Templo de la Caridad, en Roma, se acogía a los perseguidos, a los necesitados de justicia y a toda clase de personas desgraciadas. Y cuenta la leyenda que allí se refugiaron los nietos de Hércules, cuando eran perseguidos para cobrarles por las muertes y daños que el héroe causó en el cumplimiento de sus 14 tareas.
El cristianismo asimiló el culto romano a la Caridad y la Iglesia Católica la convirtió en una de las tres virtudes teologales. Luego los artistas cristianos la representaron mediante un corazón inflamado, pues antiguamente se creía que los buenos sentimientos provenían de ese órgano vital del cuerpo humano.
La caridad se simboliza también por medio de una matrona (la Virgen María) cargando una antorcha o un corazón hinchado de amor en sus manos. A veces la Virgen aparece acompañada por San Juan Evangelista.