Libertad de expresión a medias

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Libertad de expresión a medias





En ocasión de celebrarse hoy el Día Mundial de la Libertad de Prensa, tenemos que decir que ésta existe en Nicaragua sólo a medias y cada vez más agredida y amenazada por la dictadura bicéfala impuesta por el FSLN y el PLC.

El Día Mundial de la Libertad de Prensa fue establecido por las Naciones Unidas el 20 de diciembre de 1993, para conmemorar la “Declaración de Windhoek” que el 3 de mayo de 1991 proclamó en esa ciudad de Namibia, África, “que una prensa libre, pluralista e independiente, es un componente esencial de toda sociedad democrática”. En realidad, la libertad de expresión y de prensa es una condición absolutamente indispensable para que pueda funcionar una auténtica democracia. Esto significa, por un lado, que los periodistas deben tener el derecho de acceder libremente a todas las fuentes de información e investigar hechos que afecten la vida pública, sin excepción de ninguna clase. Y además, en el ejercicio de la libertad de información, los periodistas no deben ser obligados a revelar a cualquier persona, autoridad policial, funcionario público o judicial, la fuente de donde proviene la información que nutre las noticias, opiniones, reportajes o editoriales.

Pero la libertad de expresión y de prensa no pertenece sólo a los periodistas. Es un patrimonio de todas las personas . Por eso es que se asegura que la libertad de expresión y de prensa está consustanciada con la democracia misma, o sea que una de ellas no puede existir sin la otra.

En una sociedad verdaderamente democrática y libre, los periodistas y los medios de comunicación son los ojos y oídos del pueblo. Pero al mismo tiempo, los ciudadanos tienen también derecho a expresar a título personal sus opiniones y dar a conocer informaciones por cualquier medio que quieran hacerlo. Por eso es que la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), establece que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”. Por su parte, la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala en su artículo 19 que: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Y aunque la Constitución de Nicaragua introduce el concepto de “información veraz” al principio de la irrestricta libertad de expresión y de prensa consagrado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto de San José, sin embargo reconoce con fuerza de ley el derecho de todos los nicaragüenses a “la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea de manera oral, por escrito, gráficamente o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

Ahora bien, en un país como Nicaragua donde se asesina a periodistas porque expresan sus ideas políticas (Carlos Guadamuz) o porque informan sobre un fraude electoral (María José Bravo); donde se acusa criminalmente a alguien porque da a conocer sus opiniones ante una amenaza contra su seguridad personal (Herty Lewites); donde se amenaza con la cárcel hasta a un diputado (Guillermo Osorno) porque dice lo que piensa y para lo cual está expresamente protegido por el artículo 139 de la Constitución (“Los diputados estarán exentos de responsabilidad por sus opiniones y votos emitidos en la Asamblea Nacional y gozan de inmunidad de conformidad con la ley”); un país donde se reforma la Constitución y la legislación tributaria (“ley Arce”) para imponer cargas tributarias discrecionales a los medios independientes; y donde manifestantes de los partidos mayoritarios (FSLN y PLC) y miembros de sectas religiosas agreden y secuestran a periodistas, en este país es necesario decir que la libertad de expresión y de prensa sólo existe a medias y de manera cada vez más precaria.

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