Sandra Soriano de Sundet
Es injustificable que en un país tan pobre como Nicaragua se regale a cada uno de los más de noventa diputados, doscientos galones de gasolina cada mes. Si los diputados devengan un salario mensual —altísimo por cierto— no veo razón alguna por qué tengamos que regalarles gasolina. La pregunta es: ¿quién inventó esta tremenda locura? Lo lógico sería que compren la gasolina según sus necesidades al igual que lo hace el resto de los ciudadanos nicaragüenses.
Haciendo un esfuerzo por entender la matemática aplicada en la asignación de combustible a los diputados nacionales, hice el siguiente cálculo: suponiendo que los vehículos de los distinguidos asambleístas gasten un galón por cada veinte kilómetros, ya que el aire acondicionado es “indispensable”, con doscientos galones de combustible mensualmente pueden recorrer cuatro mil kilómetros. Lo que dividido entre los veinte días que laboran al mes da un recorrido de 200 kilómetros diarios.
Un trabajo tan sedentario como es el de los diputados, que no requiere movilizarse, no justifica asignación de combustible, menos aún doscientos galones mensuales. Ni un mago podría justificar el gasto de semejante cantidad de combustible para un individuo que debe permanecer en su trabajo diariamente. Se hace necesaria una explicación seria al respecto debido a que si regularmente esta asignación es ilógica en tiempos de crisis energética es doblemente injusta.
En este país donde instituciones como la Cruz Roja y la Policía Nacional tienen problemas de combustible para desplazarse con eficacia y prontitud en el importante servicio que prestan a la población, esta asignación de combustible a los diputados tiene que justificarse y revisarse, ya que es insano despilfarrar los recursos cuando los hay e inhumano derrocharlos cuando hay escasez de los mismos.