La Iglesia Católica está de júbilo

Violeta Reyes de Padilla

Dios en su inmensa misericordia, a pesar de todas las falsas previsiones, escuchó los ruegos y oraciones de su pueblo y ha querido hacer otro gran regalo a la humanidad al designar al cardenal Joseph Ratzinger como nuestro sumo Pontífice Benedicto XVI, al que amamos desde el primer momento en que apareció en el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro, el martes 19 de abril del 2005.

El Espíritu Santo iluminó a los 115 cardenales reunidos en cónclave para que escogieran a la persona idónea para guiar a la Iglesia en estos tiempos de permisivismo y relativismo moral y en los que algunas naciones quieren hacer desaparecer a Dios del corazón de los hombres y mujeres.

El Papa Benedicto XVI es una de las personas más conocedoras de la doctrina de la Iglesia, esa doctrina que los apóstoles recibieron del mismo Jesucristo, custodiada íntegramente por la Iglesia. Joseph Ratzinger era el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Junto con SS Juan Pablo II, valientemente condenaron y silenciaron muchas voces erróneas, emitidas incluso por algunos eclesiásticos que confundían a los fieles. Una de éstas fue la llamada Teología de la Liberación, de la que muchos ante la verdad supieron retractarse y volver al redil. Actitud que tristemente no se ha dado en algunos que siguen en rebeldía haciendo comentarios negativos en torno al Papa Benedicto, como un modo de justificar su conducta y su lastimosa necedad.

Aunque haya personas que no comparten la gran alegría que tenemos millones de católicos con la elección de SS Benedicto XVI, deben saber que cualquiera que hubiera sido electo cuenta con la asistencia del Espíritu Santo. La doctrina confiada a la Iglesia no puede ser adulterada para dar gusto a todos los que quieren llevar una vida licenciosa faltando a la moral y queriendo cambiar el orden de la naturaleza humana de una forma inicua, desobedeciendo a Dios que “los creó a su imagen y semejanza, varón y mujer” (cfr. Libro de Génesis 1,27) y les mandó que “fueran fecundos y se multiplicaran” (cfr. Idem 1,28).

El cardenal Ratzinger, ahora nuestro Papa, fue consejero y amigo de Juan Pablo II, quien le pidió que se encargase, con la ayuda de varios obispos y otros teólogos de preparar y actualizar el Catecismo de la doctrina católica que salió a la luz en el año 1992. Este valioso documento sin alterar la doctrina de Jesucristo vino a dar mucha luz y orientaciones sobre las nuevas tendencias y formas de actuación que se han suscitado en estos tiempos modernos.

En los pocos días que lleva como Santo Padre ha destacado por su sencillez y humildad, por su gratitud y por su afán por promover la unidad en la Iglesia, la unidad con las demás confesiones cristianas y la unidad de la familia humana siguiendo la senda trazada por el Concilio Vaticano II. El 22 de abril confiaba a los cardenales: “Aquí no se trata de honores, sino más bien de un servicio que hay que desempeñar con sencillez y disponibilidad, imitando a nuestro Maestro y Señor, que no vino a ser servido sino a servir…”

Cabe mencionar que su primer encuentro público como Papa el sábado 23 de abril lo dedicó a los comunicadores y periodistas para agradecerles la labor que han realizado desde los últimos días de Juan Pablo II para cubrir acontecimientos sin precedentes. “Gracias a todos vosotros, estos acontecimientos eclesiales de importancia histórica han tenido una cobertura mundial”. Reconociendo el gran esfuerzo que ha supuesto ese trabajo con horarios prolongados y en condiciones a veces difíciles. “Soy consciente —les decía— de la competencia y la dedicación con que habéis llevado a cabo esta exigente tarea. Quiero daros la gracias por todo personalmente y, en especial, en nombre de los católicos que viviendo en países muy distantes a Roma, han podido compartir estos momentos emocionantes de fe en tiempo real”.

No ha faltado su referencia a la gente joven. En su homilía en la misa del inicio oficial de su pontificado, “a partir de la experiencia de una larga vida personal” lanzó su último mensaje a los “queridos jóvenes”: “¡No tengáis miedo de Cristo! Él no te quita nada y lo da todo. Quien se da a Él , recibe ciento por uno. Sí, abrid de par en par las puertas a Cristo y encontraréis la verdadera vida”.

La Iglesia está de fiesta y todos muy agradecidos con el Espíritu Santo que una vez más nos demostró que es cuestión de fe y no de cábalas humanas.

La autora es miembro de la Asociación Nicaragüense de la Mujer.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí