Enrique Alvarado Abaunza
Me motiva analizar los últimos acontecimientos ocurridos en el seno de nuestra Santa Iglesia Católica, ante tanta contradicción y ataque de que ha sido objeto la acertada elección de SS Benedicto XVI.
Es pertinente abogar desde la base: el sacerdocio se enfoca bajo diversas ópticas y a veces con críticas destructivas e irrespetuosas. Olvidamos que son humanos. Que a veces ocurre que buscamos en el cielo, sólo la oscuridad de la noche, apartando el bello fulgor de millares de estrellas, o bien a lo nica, resaltamos un árbol caído, seco, ignorando el hermoso verdor del bosque, con enorme cantidad de árboles frondosos, enhiestos y firmes, con abundantes frutos. En ellos radica la renovación de la Iglesia, ordenada, fiel, obediente, a Cristo: “El que quiera servirme, que me siga. Mi Padre le dará un puesto de honor”. Jn. 12, 26 y “Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador. Toda rama que no da fruto en mi, la corta” Jn. 15,12.
Convengamos: Al que no le plazca, que renuncie. Igual que en el Ejército, nadie con uniforme puede vivir inconforme, ahí lo degradan, le dan de baja deshonrosa. Qué no decir, en la administración. El sacerdote es enviado para enseñar de Dios, la doctrina pontificia y de fe, a administrar la casa de Jesús, suministrar los sacramentos. Siempre es noticia, incluso para los desafectos. En cierto momento es el centro del universo, por representar a Cristo en la comunidad. Todos se ocupan de él y él se ocupa de todos, ora por todos, atiende al que lo busca, hasta detractores y los asiste en sus honras fúnebres. Paradoja: unos les oyen, otros les huyen.
Dada la real libertad existente, se critica al sucesor de Pedro, el hecho de que fue reclutado (a la fuerza) en el Ejército del III Reich, sin compartir sus ideales, explicable por escasez de soldados adultos. Los nicaragüenses familiarizados con ese hecho, somos los menos indicados a criticar. Les enrostraríamos hoy a profesionales, diputados, ministros, que nos consta a los que nos quedamos, ése desagradable pasado. Recuerdo que en los ochenta un comandante de los nueve, confesó que fue seminarista. ¿Fue eso desagradante?
SS Pío XI (1922 a 1939), dice a través de Ad Catholic Sacerdotty: “Aún los enemigos de la Iglesia, conocen bien la importancia vital del sacerdocio y por eso precisamente… asestan ante ellos sus golpes”. Hoy le toca al Papa, elegido bajo la luz inspiradora del Espíritu Santo, recibir el golpe de mistificar su elección. Debemos tomar en cuenta que con la máxima responsabilidad a cuestas, como pastores de la Iglesia de Jesús, en un franco y sincero deseo de satisfacer las necesidades y urgencias de los fieles que buscan a Dios. “Por ver si llegan a Él o lo encuentran, aunque no está lejos de cada uno de nosotros. En Él vivimos, nos movemos y existimos” Hch 17, 27.
Todos juntos en oración suplicante ante el Espíritu Santo, obedientes a la voluntad de Jesús, que se entregó a la muerte por nuestra salvación, “para presentar ante sí, una Iglesia sin mancha, ni arruga, radiante, santa e inmaculada” Ef. 5,27. “Para que brille la luz en medio de las tinieblas; es que hizo la luz en nuestros corazones, para que se irradie la gloria de Dios, tal como brilla en el rostro de Cristo” 2a. Cor. 4, 6. y fieles a la palabra de Dios. Hch. 6,3. 7: Se mostró su gloria en unidad durante la oración, iluminando, a pesar de los enemigos dentro y fuera de la Iglesia.
Tamaña responsabilidad de SS Benedicto XVI, que ofreció continuar con la postura bondadosa y firme de su sucesor Juan Pablo II y cumplir con Vaticano II, en especial: Dogmática Lumen Gentinum, el devenir de la Iglesia; Pastoral Gadium et Spes, la Iglesia en el mundo actual; Decreto Unitatis Redintegratio, el Ecumenismo, tan necesaria unidad de los cristianos en un mundo tan secularizado y agnóstico.
Su SS Benedicto ha expresado ser un simple y humilde trabajador en la viña del Señor, procurando que el católico madure en la fe, estudie a conciencia la Biblia, se enriquezca con la vida testimonial de los Santos; frecuente más los Sacramentos, en especial la eucaristía; que seamos ejemplos de vida, especialmente ante los desposeídos de la tierra, los predilectos de Dios, por quienes debe haber opción preferencial (Puebla). No dudamos, ni dudemos que rechazará toda propuesta contra natura.
Procurará la paz mundial, tarea vivificante, difícil, pero no imposible; será perseverante en la oración, con la intensidad y frecuencia de Juan Pablo II, apoyado en especial por la oración del laicado mundial para su sostén espiritual. Y así el Espíritu Santo se encargará de guiar la barca de Pedro, a puerto seguro, a pesar de las olas encrespadas y encontradas. Por más que insistan, no van a hacer variar nuestra fe y esperanza: “El que se mantenga firma hasta el final, se salvará”. Mt. 24, 13.
Que la Virgen Santísima lo proteja con su manto maternal y le infunda el valor de ella en la cruz.
El autor es médico.