La semilla de la agricultura

Iván Marín [email protected]

Borrar el rastro de los pies cansados de nuestros antepasados es inviable. Por un momento imaginémonos el estilo de vida de la humanidad hace unos once mil años y contemplemos la diversidad de actividades diarias de caza y recolección que desempeñaban para poder alimentarse. Esto demandaba caminar todo el día de un lugar a otro recolectando plantas silvestres para satisfacer sus necesidades energéticas. Era un trabajo agotador suplirse de alimentos. La biomasa disponible en una manzana de tierra estaba habitada fundamentalmente por especies de plantas que no podían consumir. Plantas que no eran comestibles por su dura corteza, presencia de sustancias tóxicas, bajo valor nutricional, mal sabor, dificultad para recolectarla o excesivo trabajo de preparación, por lo que se encontraban pellizcando la línea de la hambruna.

Consecuentemente, al no ingerir los nutrientes necesarios, sufrían de severas enfermedades y morían jóvenes. ¡Increíble! Once mil años después, esta misma manzana puede producir entre 10-100 veces más calorías a costa de la degradación del medio ambiente pero igualmente la situación de la humanidad no ha cambiado mucho. Actualmente la gran mayoría de la población mundial no se encuentra en mejores condiciones que nuestros antepasados recolectores de alimentos silvestres.

Realmente, ¿qué obligó al hombre prehistórico a cambiar la actividad de caza-recolección por la de producción de alimentos? A continuación me refiero a algunas interpretaciones erradas. Primero, que dicha transición obedeció al surgimiento de un descubrimiento o una invención en la producción de alimentos. Segundo, que este cambio respondió al paso de la vida nómada de los recolectores hacia la vida sedentaria de los productores de alimentos. Hay evidencia de indígenas del Pacífico de Norteamérica y de Australia que adoptaron el estilo de vida sedentario y nunca se transformaron en productores de alimentos. Otros indígenas de Palestina, Japón y Perú primero se transformaron en sedentarios y sólo mucho tiempo después se dedicaron a la producción de alimentos.

Algunos optaron por un sistema mixto. Poblaciones indígenas de Nueva Guinea plantaban papayas y bananos en la selva para posteriormente ausentarse meses de sus plantaciones y dedicarse a la recolección de alimentos, tiempo después retornaban a cosechar sus cultivos, período durante el cual adoptaban un estilo de vida parcialmente sedentario.

Por último se plantea la dicotomía de que los productores de alimentos manejaban activamente su tierra y que los cazadores-recolectores se dedicaban exclusivamente a la recolección de especies silvestres. En realidad habían cazadores-recolectores que manejaban intensamente sus tierras, ya sea abriendo canales para llevar el agua, practicando la quema o despejando la zona de árboles y malezas que interferían en el crecimiento de sus alimentos preferidos.

Acertadamente, la transición fue por etapas y obedeció a un simple instinto humano de satisfacer necesidades. Nuestros primeros productores de alimentos buscaban cómo maximizar el retorno en la cantidad de semilla con la mayor certeza posible en el menor tiempo y esfuerzo posible. Sencillo, pretendían satisfacer el hambre y mantener llenos sus estómagos al menor costo.

Este cambio lo concibieron como una póliza de seguro en caso de no encontrar sus preferidas variedades silvestres. Pero desde el ángulo social esto pareciera contrastar con el prestigio de los cazadores, recordemos que las preferencias culturales tenían peso en sus sencillas estructuras sociales. No era lo mismo que el cazador regresara con una presa en sus hombros que con el equivalente del peso en granos. Vemos cómo los elementos referidos entraron a jugar un papel decisivo en las personas con relación a la forma de obtener sus alimentos.

En consecuencia, la transición gradual entre el modelo de caza-recolección y la producción de alimentos duplicó el intervalo de alumbramiento de las mujeres dedicadas a la producción de alimentos. Las madres recolectoras sólo podían cargar con una cría, por lo que era imposible hacerse de una segunda mientras la primera no desarrollara la habilidad de seguir el paso de la madre. Para ello, implementaban prácticas de control natal como la abstinencia sexual, la amenorrea durante la lactancia y el aborto.

La capacidad de almacenar alimentos fue otro factor que se manifestó en respuesta a la adopción del estilo de vida sedentaria que favorecía la producción de alimentos. Este factor, además de suplir de granos a los miembros que se dedicaban a la producción de alimentos, también benefició a otros que no se dedicaban a la referida actividad productiva. Es así como surgieron los especialistas no productores de alimentos, los burócratas y los reyes que han logrado sobrevivir hábilmente hasta nuestros días.

El autor es bioquímico en plantas.

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