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Las preguntas y respuestas del joven Albert Einstein
Nedelka Aguilar Fiallos
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De muchas maneras hemos tratado de explicar las barbaridades que los seres humanos hacen cuando no hay una creencia en Dios. Además de una creencia, una decisión de vida que define tus decisiones y tu estadía en este planeta que llamamos tierra. Es mi experiencia por más de ocho años, y de por sí, los ocho años más felices de mi vida, de compartir tanto en mi país Nicaragua, como en otros países, la diferencia que es cuando tienes un poder sobrenatural guiando y dirigiendo tu vida paso a paso.
Uno de mis hobbys es la lectura, me da mucha alegría cuando un nuevo libro cae en mis manos. En toda mi búsqueda, siempre he querido encontrar una respuesta lógica al porqué hay tanta maldad en la tierra. ¿Por qué hay tanta violencia y tantas violaciones de niños y niñas? Siempre llegando a la misma conclusión, que no hay una fórmula matemática que me dé un número exacto como respuesta, sino la que siempre ha sido desde el comienzo de la creación, la ausencia de Dios en las vidas de su preciosa creación: el hombre y la mujer.
Si queremos hacer y ver cambios que perduren, volvamos a lo primero, buscar a Dios de una manera personal. Si queremos que nuestros hijos e hijas no sean rebeldes y no hagan cosas que no deben, las cosas que traen dolores profundos a los padres, volvamos a lo primero, enseñarles que sin Dios no podrán llegar a su capacidad máxima. Si queremos que nuestros gobiernos hagan lo que es justo, volvamos a lo primero, incluir a Dios en nuestras legislaturas y decisiones políticas.
Tengo un hermano matemático que creo que le gustará leer esta historia del señor Albert Einstein, donde nos indica la gran necesidad de invitar a Dios en todo lo que está a nuestro alrededor. No es como nosotros queremos, es como Él dice que debe ser.
Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta:
—¿Dios creó todo lo que existe?
Un estudiante contestó valiente:
—Sí, lo hizo.
—¿Dios creó todo?
—Sí señor —respondió el joven.
El profesor contestó:
—Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.
El estudiante se quedó callado ante tal respuesta, y el profesor, feliz se jactaba de haber probado una vez más que la fe cristiana era un mito.
Otro estudiante levantó su mano y dijo:
—¿Puedo hacer una pregunta profesor?
—Por supuesto —respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó:
—Profesor ¿existe el frío?
—¿Qué pregunta es ésa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?
El muchacho respondió:
—De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía.
El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.
—Y, ¿existe la oscuridad? —continuó el estudiante.
El profesor respondió:
—Por supuesto.
El estudiante contestó:
—Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz.
La luz puede estudiarse, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz.
¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así?
Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.
Finalmente el joven preguntó al profesor:
—Señor, ¿existe el mal?
El profesor respondió:
—Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.
A lo que el estudiante respondió:
—El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.
Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó callado.
El nombre del joven era Albert Einstein.
La autora es licenciada en Teología, reside en Canadá.