Eduardo Enríquez
Con frecuencia cuando hay problemas como los de esta semana escuchamos a personas pedir un fin “a la crisis” y un retorno a la “estabilidad”.
De primas a primeras eso sería lo lógico de pedir, pero si pensamos podemos concluir que esto refleja una mentalidad sumisa que nos condiciona a seguir soportando una situación que a todas luces debe cambiar si queremos un desarrollo estable, sostenido (y sostenible) tanto como nación, sociedad y como individuos.
El diccionario de la Real Academia Española define estabilidad como tener cualidad de estable, y estable como algo que “se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer”.
Entonces cuando pedimos “estabilidad” en realidad estamos pidiendo continuar con un sistema judicial corrupto y controlado por el caudillo de un partido político; una Asamblea Nacional al servicio de los caudillos Arnoldo Alemán y Daniel Ortega; un Consejo Supremo Electoral que se roba las elecciones como ocurrió en Granada; y una Contraloría, una Fiscalía y una Procuraduría de Derechos Humanos controladas por el pacto de los dos caudillos.
Pero además estamos pidiendo continuar con un sistema de gobierno y de nación en el que el clientelismo y el servilismo se imponen, además de la violencia y el desacato a las leyes.
Incluso, esa manera de protestar violenta, sin razón, sin propuestas, tercamente ciega, podemos decir que es parte de esa “estabilidad”, es simplemente la manera de chantajear a la población y al Gobierno.
¡Que de esa “estabilidad” me libre Dios!
Ahora veamos cómo define el diccionario “crisis”: Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, o para agravarse el paciente; también: Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación o modificación.
Así las cosas, ¿no sería lógico que los nicaragüenses provocáramos una “crisis” que dé al traste con esa enfermedad que llamamos pacto y que corroe todos los rincones de nuestra sociedad?
Claro que no estoy hablando de cualquier crisis, no estoy hablando de salir a la calle a destruir como bestias desbocadas todo lo que se nos ponga enfrente, sino a tener una demanda clara que tenga como fin barrer con esta oprobiosa “estabilidad”.
Cualquier persona civilizada propondría que ese cambio hay que realizarlo en las próximas elecciones, barriendo con los diputados arnoldistas y danielistas, pero ¿cómo confiar en un Consejo Supremo Electoral que está dividido entre arnoldistas y danielistas?
¿Cómo esperar que la situación cambie cuando la Asamblea Nacional eligió hace pocas semanas magistrados de esa misma tendencia en el CSE, cuando tenía la oportunidad de empezar a profesionalizarlo? ¿Cómo confiar en que la Corte Suprema va a ser imparcial cuando reeligen en la Asamblea a magistrados que han desbaratado las normas del Derecho y éstos tienen el descaro de decir que fueron reelectos por haber hecho “un buen trabajo”?
Un buen trabajo manteniendo esta perniciosa “estabilidad”, pero no construyendo la nación.
Esto sólo se cambia con presión, movilización, participación de la ciudadanía, ya nos lo demostraron en Ucrania. Mientras el ciudadano no tome el destino en sus manos, seguirá siendo víctima de pactos y caudillos.