Una encuesta para leerse

Guillermo Rothschuh Villanueva

Durante la gestión de gobierno del presidente Bolaños hubo intento de convertir la lucha contra la corrupción en una política de Estado. A estas alturas de su mandato son más las sombras que las luces sobre el tema. En medio de esta situación el profesor Alfonso Malespín, de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana, realizó una investigación sobre el tema de la corrupción, muy particular por la naturaleza de la población encuestada: el periodismo nacional. La investigación es una especie de espejo en donde se reflejan las percepciones de los periodistas sobre un tema que les atañe directamente.

La encuesta realizada por el profesor Malespín consta de cuatro partes (percepciones de los periodistas sobre la corrupción en el país, percepciones de los periodistas sobre la corrupción en su gremio, qué es y no es corrupción según los periodistas de Nicaragua, cuál es la mejor vía para luchar contra la corrupción en el seno del periodismo nacional y unas conclusiones generales) de la cual deseo resaltar dos de sus partes: las percepciones propias de los periodistas sobre la corrupción en su gremio y las diferentes vías que proponen para hacer frente a este flagelo.

La mayor virtud del trabajo investigativo reside en haber puesto el acento en el gremio que más ha puesto de su parte en la lucha contra la corrupción, según lo testimonian diversas encuestas realizadas en el país. Era importante lanzar una mirada hacia dentro. Una especie de viaje introspectivo que permitiera tener una aproximación de la manera en que perciben los periodistas la corrupción en sus diferentes prácticas profesionales.

La encuesta arroja algunos hallazgos considerables. De las dos respuestas más importantes sobre cuánta corrupción perciben en el gremio una expresa que poca (34 por ciento) y la segunda mucha (22 por ciento). La encuesta establece además que la corrupción en el periodismo es un fenómeno individual (66 por ciento) tema delicado y sensitivo resulta establecer dónde localizan la corrupción los periodistas y sin mayores preámbulos su respuesta es contundente: el 35 por ciento responde que en los dueños de los medios de comunicación, para luego en un gesto autocrítico agregar que la corrupción es percibida de manera generalizada en el mismo gremio periodístico (12 por ciento). Una manera crítica de enjuiciar sus propios actos.

Sobre las situaciones que generalmente propician la corrupción, el 57 por ciento de los periodistas no saben o no responden, mientras un 10 por ciento afirma que este fenómeno ocurre durante las giras de trabajo (10 por ciento) y las regalías de la que es objeto el gremio (7 por ciento). En cuanto a la forma más común de disfrazar la corrupción sus respuestas no dejan de ser duras: este hecho se da mediante la publicación de noticias que no lo son (50 por ciento), añadiendo que entre las causas principales que propician la corrupción las más sobresalientes son los intereses económicos en juego (53 por ciento) y los intereses políticos que se expresan a través de los medios (20 por ciento).

Cuando hay que señalar culpables acerca de quiénes propician la corrupción de los periodistas nacionales, sin atenuantes expresan que se debe a los políticos (21 por ciento) y a las diversas fuentes de información. Esto se traduce en una baja credibilidad social (34 por ciento) y gremial (33 por ciento). Sus opiniones están divididas en cuanto a que si el medio de comunicación en que labora ha publicado noticias que envuelven corrupción. Un 54 por ciento expresó que no mientras un 43 por ciento afirma lo contrario. Una de las preguntas más delicadas es cuando se indagó si la persona encuestada había estado involucrada en actos de corrupción. La respuesta mayoritaria es rotunda: No (88 por ciento). Un 35 por ciento afirma haber denunciado estos actos reñidos con el ejercicio profesional.

En cuanto al sexo los hombres aparecen como más proclives a la corrupción (43 por ciento). Dos son las razones fundamentales que señalan como causantes de este problema: la situación económica y una ética muy baja (33 por ciento).

Entre las diversas propuestas brindadas por los periodistas para combatir el mal sobresalen entre otras medidas, el impulso de campañas educativas entre la población, asegurar siempre el derecho de réplica, fijar normas de transparencia a lo interno de los medios, denunciar a nivel internacional las amenazas y presiones de que son objeto medios y periodistas, efectuar denuncias constantes sobre el tema, disponer de una ley de acceso a la información, optar por códigos de ética vinculantes y eliminar todos los mecanismos evidentes y ocultos que fomenten la iniquidad, la competencia desleal y el favoritismo en los diversos medios de comunicación.

El mayor mérito de la encuesta de Alfonso Malespín no sólo está en su alcance: fue realizada en todo el país, radica en su plena y auténtica validez y permanencia, en un momento en que el Gobierno ha depuesto sus luchas y afanes por contener uno de los mayores flagelos de nuestra sociedad. Se trata de una encuesta para ser leída no sólo por los periodistas, merece un mejor destino: ser leída y discutida por todos los nicaragüenses que no han renunciado a una Nicaragua libre de toda la contaminación social y política que propicia la corrupción. Ajena al empobrecimiento que es el correlato inmediato que genera la corrupción que oronda campea en el horizonte nacional.

El autor es decano de la Facultad de Comunicación de la UCA.

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